-¡¿Laila?! Pero que co...- le dije mientras ella me observaba riéndose.
-Date la vuelta y verás.
Me giro sin vacilar ni un instante.
-¡Felicidaaaadeeeeeeees!- gritaron todos a la vez.
Me acabo de quedar perplejo, todos me miran y me siento como si estuviera en un mitin previo a unas elecciones. Esperando que diga unas adornadas palabras para ganarme el cariño de mi pueblo. En cambio, digo lo primero que se me pasa por la cabeza.
-¿Y esto? ¿Una tarta? ¡Están locos todos!
En realidad estoy rebozando una alegría inmensa en mi interior. No sé que hacer, nunca he tenido el placer de tener un cumpleaños sorpresa. Y ellos lo saben.
-¿Esto dices? ¡Esto no es nada! Ponte la venda en los ojos anda - dijo Nano.
-Esto no es una venda, ¡son tus calcetines atados! ¡Ni te atrevas a ponerme eso en la cara, jediondo!
-Kike, agarrale las manos que también se las vamos a atar.
De nada servía resistirme. Me ataron las manos a la espalda, colocaron los calcetines alrededor de mi cabeza asegurándose de que no veia nada y luego me amenazaron con meterme uno en la boca si no paraba de quejarme. Sí, me estuve callado. Oler los calcetines de Nano es una tortura aprobada por el FBI para hacer que los terroristas hablen sin necesidad de violencia.
-A ver, ahora viene un escalón, ¡cuidado!
-¡Qué! ¿¡Qué pasa!?
-Nada, que acabas de pisar una hormiga - dijo Nano mofándose de mí al igual que los demás.
-Cuando me quite la venda, les voy a dar una zurra a todos.
Entonces, me paran y me dicen que me van a desatar las manos.
-Espera a que te avisemos, y te quitas la venda de los ojos, ¿vale? - dijo África.
-Vale, bien.
¡Qué nervios! ¿Qué podrá ser? Bueno, conociéndolos me puedo esperar cualquier cosa. Menos un cumpleaños estilo "Mis dulces 16". Ya me gustaría a mí.
-Uno, dos... ¡tres! - dicen todos.
-¿Ya? - dije.
-¿Pero no nos has escuchado, o estas tonto? - dijo Nano.
-Sí, pero no me habían dicho que iban a contar. Se supone que me la quito cuando llegan a tres o ¿dicen algo más?
De repente, siento una gran colleja en la nuca. Me dolió porque esa mano tenía anillo. Seguro que fue Eva. No sale a la calle sin sus anillos de dos metros cuadrados de longitud. No exagero, son muy pintorescos.
-Vale, me ha quedado claro.
-Uno, dos... ¡tres!
Me quito aliviado, los calcetines de la cara. Cinco minutos más y podría haber tenido la muerte más asquerosa y tonta del mundo. Mis ojos se adaptan de nuevo a la claridad. Los veo a todos, Kike, Nano, África, Mario, Eva, y a la nueva, Laila. Todos sonríen, entonces se apartan y observo una gran mesa. Diría que son tres mesas juntas de apartamento de fin de semana. Las cubre un gran mantel azul cielo precioso. Globos pegados en las paredes junto con cartulinas donde ponen recuerdos que he vivido con cada uno de ellos. Me impaciento por leerlos todos antes de seguir observando alrededor. Mi cara era un cuadro, no sabían si lloraba de alegría, si me reía, era un cúmulo muy grande de sensaciones. Termino de leerlos, aunque falta uno,
el de Laila.
-Me falta el tuyo, ¿no?- dije dirigiéndome a ella.
-Aquí lo tienes.
Me coge del cuello y me da un beso. Se para el reloj, cierro los ojos tan sorprendidos que puse en ese primer segundo en el que contactan sus labios con los míos. Dura exactamente ocho segundos y acto seguido me da un abrazo. Abro los ojos, y veo a todos aplaudiendo, bueno, todos no. África se mantuvo todo el rato mirando al suelo. Supongo que estará mal por la recién muerte de su abuelo.
-¡Venga!¡A beber! - grita Nano, el "alma de las fiestas".
Laila deja de abrazarme.
-¿Como has hecho para salir de mi casa?
-Eso preguntáselo a tus amigos, ellos son los que lo han planeado todo desde hace tiempo - dijo Laila picándome un ojo y yéndose a la mesa a por bebida.
Comienza a sonar la música. Veo que se han traído la radio rosa de pilas de la hermana de Kike. Que ridículo hemos hecho con esa cosa en la playa.
En la gran mesa, veo de todo, bebidas, comida y, ¿regalos? Espero que no, pero que digo, ¡espero que sí!
-¿Miras los regalos, Alex? - dijo Mario.
-¿Regalos? ¿Qué regalos?
Empiezan a reírse todos de mi cara.
-No sabes mentir tío. ¿Los quieres abrir ahora o al final?
-Mejor al final, cuando estén todos borrachos y así pueda hablar sin problema de la porquería que me han regalado.
-¡Quietos, quietos! ¡Que tengo un nuevo monólogo que hacerles! - dijo Nano subiéndose a una de las mesas.
-¡Ooh, no!
-Que Dios nos coja confesados.
Sin más preámbulos. Da comienzo el monólogo de Nano. Ponemos las sillas alrededor de la mesa donde estaba de pie, convirtiéndola en una especie de tarima. Cojo una silla y me siento al lado de África y me pongo detrás de todos.
-¿Te pasa algo?
-No, no.
-Es por tu abuelo, ¿verdad?
-Ehm... sí, es por eso. Aún me cuesta pensar que no esta aquí.
-Ven aquí y dame un abrazo tonta.
En ese momento, mientras todos reían por el monologo de Nano, Laila lanza la vista atrás y nos ve abrazados. Su sonrisa aminora, y observa a África con desprecio.
A entradas horas de la noche, la fiesta se ve que esta acabando. Eso ocurre cuando llega el momento en el que Nano utiliza mucho la frase de "Tío, eres mi mejor amigo", cuando Mario comienza a contar historias de miedo, Kike hace preguntas tontas y Eva bosteza. Es el momento clave para abrir mis regalos.
-Chicos, voy a abrir los regalos.
-¡Si, venga, venga! - dice Eva.
-Ustedes me van dando cada uno el suyo y los voy abriendo.
-Venga empiezo yo - comenta Eva de nuevo.
Me lo da en las manos con mucho cuidado. Es una medianamente grande y apenas pesa. Cuando me dispongo a abrirlo, levanto la cabeza para ver la expresión que tiene Eva. Desesperada por que abra su regalo, le sonrio y veo algo detrás de ella. Una sombra
que se acerca velozmente. Mi rostro cambia de expresión.
-¡¡Eva!! ¡¡Cuidado!!
Felicidades tegote. Sta muy wai! Entretiene bastante. No lo acabes dejando a medias, tienes que acabarlo.. mira a ver!! un abrazote
ResponderEliminar