viernes, 14 de octubre de 2011

Llego a nuestro pequeño camping improvisado en el también pequeño jardín al que tanto empeño en cuidar ha tenido nuestro director este año. "Una zona verde es lo que nos falta en nuestro instituto", dijo en la breve charla que dio a principios de curso en el salón de actos. Lo que realmente necesita este instituto es una reforma radical, tirarlo abajo, demolerlo sin remordimiento alguno y levantarlo con unos buenos cimientos, despidiendo al director y algunos profesores conservadores que lo único que hacen es aburrir nuestro cerebro con absurdideces de antaño. Nos harían un favor si se actualizasen cada tiempo, como el Windows.

Entonces, abro la caseta de Eva, entra dentro y de un salto me meto yo, no sin antes quitarme los zapatos, con lo bonito que lo tiene decorado por dentro no me gustaría ensuciarle nada. Nos metemos los dos debajo de la manta y le empiezo a hacer cosquillas.

-¡Ja, ja, ja!¡Para Alex!
-Como cuando eramos pequeños Eva, ¡pararé cuando te mees las bragas!
-¡Para, para!

De pequeños, cuando iba de acampada con mis padres, solíamos coincidir mucho con la familia de Eva y normalmente ella y yo dormíamos juntos en la misma caseta, y una de las cosas que nos encantaba era hacernos cosquillas el uno al otro. No parábamos hasta que nuestra cara estuviera roja, los ojos llorosos y la boca seca. Lo que todo cambio fue la noche en la que yo no paré y ella terminó por mearse encima. Para Eva fue un momento muy vergonzoso ya que solían quedarse niños de nuestra edad cerca de donde estábamos y no pararon de burlarse por lo sucedido.

-Que buenos recuerdos, ¿recuerdas cuando te inventabas historias y me quedaba dormida?
-¡Claro! Harry Potter es un caca comparado con mis fantásticas fantasías.
-¿Me harías el favor de rememorar al menos ese viejo momento?- me dijo con cara de cordero degollado.
-Eehm... si claro, intentare inventarme algo sobre la marcha. Aunque la verdad es que he perdido algo de práctica. La televisión me ha dejado sin imaginación alguna.

Sus ojos se encienden y lo primero que hace es ponerse cómoda, apoyando su cabeza en mi pecho.

-Me encantaba hacer esto de pequeña. Escuchar tu corazón me relajaba.
-Tampoco tenías una vida muy estresante.
-Un poco sí Alex. Mis padres querían desde muy niña que fuera una triunfadora y me agotaron la infancia apuntándome a clases de ballet, gimnasia... No se daban cuenta de que quería vivir mi infancia con mis amigos y ya esta.
-La verdad es que tenemos unos padres muy egoístas, pero por suerte tenemos unos buenos amigos que nos hacen olvidar lo que pasa en casa.
-Bueno, bueno, deja de hablar de esas cosas que me vas a hacer llorar y empieza con la historia.
-¡Venga! Pues a ver... Comienza tal día como hoy, una gran fiesta con amigos. Todos bailan, ríen y se divierten...
-Que sea de amor, que haya un chico y una chica.
-Vale, vale. Pues en esto que suena una música lenta, y esos dos, sí, esa chica y chico que llevan una vida ocultado su amor, terminan por bailar juntos. Sus amigos sabían lo que cada uno ocultaba, pactaron meter esa canción en la radio y luego intentaron provocar la situación para que no les quedara mas remedio que tener que bailar juntos.
-Ohh, sigue por favor - decía mientras se apretujaba cada vez más a mí.
-Pues pasan toda la noche bailando, cada canción que suena es más romántica que la anterior. Para ellos no hay nadie más allí, solo ellos dos, con una radio vieja a la luz de la luna. Las risas se convierten en confesiones de amor con miradas, los rostros rojos de vergüenza, de alegría y cansancio. Exhaustos, acaban la última canción abrazados, y una cámara lenta sobrecoge el momento en el que se miran el uno al otro y telepáticamente se cuentan mil y una aventuras que por sus cabezas han pasado, soñando con que este momento llegase y...

Eva levanta la cabeza de mi pecho y me besa. Prueba con un tímido beso para asegurarse de lo que hace, pero luego nos dejamos llevar por el momento. Nos besamos con una intensidad altísima. Se pone encima mía y no para de domarme con sus manos, toca cada tramo de mi cuerpo. ¡Dios mío! No sabía esto de Eva. No sabía nada de este cuerpazo, de esta espalda lisa al igual que su abdomen duro como la piedra, de la pasión que aplica en cada uno de sus besos, de su olor a vainilla, de esa manera que roza su cuerpo contra el mío. En menos de un minuto estamos sin ropa, intento dominar, pero ¡no puedo! Se resiste, y vuelve a ponerse encima, gime lento y a la vez rápido, le tapo la boca para que nadie nos escuche, y eso le gusta. Horas de sexo acaban consumiéndonos, cansados, dormimos abrazados, desnudos acurrucados en esa gran manta de piel. Aunque lo intente, no puedo dormir, algo me pesa en la cabeza así que espero que se duerma y salgo de la caseta con algo de ropa puesta. Busco un cigarro de los de Nano en la mesa de la fiesta y me siento en las gradas de la cancha.

-¡Joder Alex! ¿Qué ha pasado ahí dentro? - digo en voz baja a mí mismo.
-¡Que te has tirado a una tía que esta buenísima tío! - dijo Nano sentándose a mi lado.
-¡Coño! Que susto me has dado tío. ¿Se ha oído algo?
-Claro. La caseta no dejaba de moverse. Por fin te la has tirado. No sé ni cuantos años llevara Eva intentando follar contigo y tu pasando de ella.
-¿Si? Ni me había dado cuenta. ¿Y tu que has hecho con Laila?
-Uff... ¡Es toda una diosa! Creo que me voy a casar con ella. ¿Te gusta o algo? Tu sabes que yo me aparto si quieres.
-No, no, es solo una amiga. Solo que me sorprende que se haya ido a dormir contigo.
-Gracias, tu no eres el único guapetón del grupo -dijo Nano con tono enfadado.
-Perdona, no quería que lo entendieras así.
-Dame un cigarro anda y callate.

Le saco uno del paquete y nos quedamos hablando de nuestros recuerdos de infancia en las pocas horas que quedan antes de que salga el sol.