viernes, 14 de octubre de 2011

Llego a nuestro pequeño camping improvisado en el también pequeño jardín al que tanto empeño en cuidar ha tenido nuestro director este año. "Una zona verde es lo que nos falta en nuestro instituto", dijo en la breve charla que dio a principios de curso en el salón de actos. Lo que realmente necesita este instituto es una reforma radical, tirarlo abajo, demolerlo sin remordimiento alguno y levantarlo con unos buenos cimientos, despidiendo al director y algunos profesores conservadores que lo único que hacen es aburrir nuestro cerebro con absurdideces de antaño. Nos harían un favor si se actualizasen cada tiempo, como el Windows.

Entonces, abro la caseta de Eva, entra dentro y de un salto me meto yo, no sin antes quitarme los zapatos, con lo bonito que lo tiene decorado por dentro no me gustaría ensuciarle nada. Nos metemos los dos debajo de la manta y le empiezo a hacer cosquillas.

-¡Ja, ja, ja!¡Para Alex!
-Como cuando eramos pequeños Eva, ¡pararé cuando te mees las bragas!
-¡Para, para!

De pequeños, cuando iba de acampada con mis padres, solíamos coincidir mucho con la familia de Eva y normalmente ella y yo dormíamos juntos en la misma caseta, y una de las cosas que nos encantaba era hacernos cosquillas el uno al otro. No parábamos hasta que nuestra cara estuviera roja, los ojos llorosos y la boca seca. Lo que todo cambio fue la noche en la que yo no paré y ella terminó por mearse encima. Para Eva fue un momento muy vergonzoso ya que solían quedarse niños de nuestra edad cerca de donde estábamos y no pararon de burlarse por lo sucedido.

-Que buenos recuerdos, ¿recuerdas cuando te inventabas historias y me quedaba dormida?
-¡Claro! Harry Potter es un caca comparado con mis fantásticas fantasías.
-¿Me harías el favor de rememorar al menos ese viejo momento?- me dijo con cara de cordero degollado.
-Eehm... si claro, intentare inventarme algo sobre la marcha. Aunque la verdad es que he perdido algo de práctica. La televisión me ha dejado sin imaginación alguna.

Sus ojos se encienden y lo primero que hace es ponerse cómoda, apoyando su cabeza en mi pecho.

-Me encantaba hacer esto de pequeña. Escuchar tu corazón me relajaba.
-Tampoco tenías una vida muy estresante.
-Un poco sí Alex. Mis padres querían desde muy niña que fuera una triunfadora y me agotaron la infancia apuntándome a clases de ballet, gimnasia... No se daban cuenta de que quería vivir mi infancia con mis amigos y ya esta.
-La verdad es que tenemos unos padres muy egoístas, pero por suerte tenemos unos buenos amigos que nos hacen olvidar lo que pasa en casa.
-Bueno, bueno, deja de hablar de esas cosas que me vas a hacer llorar y empieza con la historia.
-¡Venga! Pues a ver... Comienza tal día como hoy, una gran fiesta con amigos. Todos bailan, ríen y se divierten...
-Que sea de amor, que haya un chico y una chica.
-Vale, vale. Pues en esto que suena una música lenta, y esos dos, sí, esa chica y chico que llevan una vida ocultado su amor, terminan por bailar juntos. Sus amigos sabían lo que cada uno ocultaba, pactaron meter esa canción en la radio y luego intentaron provocar la situación para que no les quedara mas remedio que tener que bailar juntos.
-Ohh, sigue por favor - decía mientras se apretujaba cada vez más a mí.
-Pues pasan toda la noche bailando, cada canción que suena es más romántica que la anterior. Para ellos no hay nadie más allí, solo ellos dos, con una radio vieja a la luz de la luna. Las risas se convierten en confesiones de amor con miradas, los rostros rojos de vergüenza, de alegría y cansancio. Exhaustos, acaban la última canción abrazados, y una cámara lenta sobrecoge el momento en el que se miran el uno al otro y telepáticamente se cuentan mil y una aventuras que por sus cabezas han pasado, soñando con que este momento llegase y...

Eva levanta la cabeza de mi pecho y me besa. Prueba con un tímido beso para asegurarse de lo que hace, pero luego nos dejamos llevar por el momento. Nos besamos con una intensidad altísima. Se pone encima mía y no para de domarme con sus manos, toca cada tramo de mi cuerpo. ¡Dios mío! No sabía esto de Eva. No sabía nada de este cuerpazo, de esta espalda lisa al igual que su abdomen duro como la piedra, de la pasión que aplica en cada uno de sus besos, de su olor a vainilla, de esa manera que roza su cuerpo contra el mío. En menos de un minuto estamos sin ropa, intento dominar, pero ¡no puedo! Se resiste, y vuelve a ponerse encima, gime lento y a la vez rápido, le tapo la boca para que nadie nos escuche, y eso le gusta. Horas de sexo acaban consumiéndonos, cansados, dormimos abrazados, desnudos acurrucados en esa gran manta de piel. Aunque lo intente, no puedo dormir, algo me pesa en la cabeza así que espero que se duerma y salgo de la caseta con algo de ropa puesta. Busco un cigarro de los de Nano en la mesa de la fiesta y me siento en las gradas de la cancha.

-¡Joder Alex! ¿Qué ha pasado ahí dentro? - digo en voz baja a mí mismo.
-¡Que te has tirado a una tía que esta buenísima tío! - dijo Nano sentándose a mi lado.
-¡Coño! Que susto me has dado tío. ¿Se ha oído algo?
-Claro. La caseta no dejaba de moverse. Por fin te la has tirado. No sé ni cuantos años llevara Eva intentando follar contigo y tu pasando de ella.
-¿Si? Ni me había dado cuenta. ¿Y tu que has hecho con Laila?
-Uff... ¡Es toda una diosa! Creo que me voy a casar con ella. ¿Te gusta o algo? Tu sabes que yo me aparto si quieres.
-No, no, es solo una amiga. Solo que me sorprende que se haya ido a dormir contigo.
-Gracias, tu no eres el único guapetón del grupo -dijo Nano con tono enfadado.
-Perdona, no quería que lo entendieras así.
-Dame un cigarro anda y callate.

Le saco uno del paquete y nos quedamos hablando de nuestros recuerdos de infancia en las pocas horas que quedan antes de que salga el sol.

lunes, 8 de agosto de 2011

-Que tío más plasta eres, Kike.

-¡No sabes divertirte!¿Te vas a tirar a Eva o qué? - dice destrozándome esa poca audición que le queda a mi oído derecho.

Me río para quedar bien y me alejo. Hablar con Kike cuando esta bebido, es imposible, no sabe manejar su tono de voz. Creo que para él, el alcohol es una especie de poción que le impide pensar antes de hablar, como si llevase una máscara toda su vida y con dos copas, desapareciese, saca su verdadero yo, y no ese tío precavido al hablar. No quiero decir que le sienta bien el "estar borracho", sino que a veces, por no decir siempre, me parece que no es la forma más apropiada para ser uno mismo. Aunque supongo que no es el único en su especie.

-Oye, Alex. Tocate algo con la guitarra, para que te escuche la nueva- dice Eva entregándome en las manos la sucia y vieja guitarra de Nano.

-No me la estropees tío, trátala con cariño, como lo hago yo con tu madre.

Mejor hacer oídos sordos a ese comentario, porque los insultos podrían durar horas.

-Bueno, pues no sé, les cantaré una canción en inglés para que no se note tanto lo mal que lo hago.

Me apoyo el trasero en la mesa, comienzo a rasguear un poco las cuerdas y me viene una canción a la mente: "Time of your life" de la banda estadounidense, Green Day. Afino un poco la guitarra, y se hace un silencio de domingo. Cierro los ojos e intento pensar en otra cosa, pensar que estoy en un concierto, que estoy ahí arriba, en la tarima, sentado en una butaca, con miles, que digo miles, millones de ojos apuntándome fijamente. Cuido cada detalle del escenario, luces, altavoces, mi grupo de fondo y un foco, un foco enorme enfocándome solo a mí. Soy yo, esta guitarra y esta voz, no los defraudes.
No escucho nada que no sea esta melodía, acabo y veo a mi público aplaudir, enloquecido, pidiéndome más. Las chicas lloran, me tiran sujetadores, rosas, camisas, me piden que me acerque, que las bese. Entonces abro los ojos, y los veo a todos descojonándose de risa. Lo veía venir.

-¡Otra, otra, otra!- gritan cachondeándose de mí.

Entonces vienen todos corriendo y comienzan a mantearme. Al final consiguen hacerme reír. En el fondo les ha gustado.

La fiesta se alarga hasta la madrugada, algunos ya empiezan a sacar los sacos de dormir y otros montan esas pequeñas casetas en el pequeño jardín al lado de la cancha de baloncesto. Supongo que como nadie entra aquí, no nos pasará nada.

-Oye, Alex.

-Dime Africa.

-¿Podemos hablar a solas?

-Sí, claro.

¿Africa quiere hablar conmigo? No hablamos los dos solos desde, yo que sé, ¿años?

-Te quería preguntar algo, bueno, decirte algo, a cerca de Laila. Es que he hablado con Eva, y tambien piensa lo mismo. Pero que no sé como decirtelo...

-Sin rodeos, dispara.

-Pues, es que...

-¡Ey, chicos!¿Qué hacen?- dijo Eva.

-Nada, hablando con Africa sobre Laila, que me iba a decir algo.

-¿Sí? Pues me cae de puta madre, Alex, que lo sepas.

-Entonces, ¿a ti también Afri?

-Ehm... sí, era eso lo que estaba a punto de decirte.

-Vengan a mis brazos -les digo apretujandolas- esto si que son buenas amigas. Me voy a dormir chicas.

-¿Puedes dormir en mi caseta Alex?- me dijo Eva- Es que es la única que es para dos y no me gusta dormir tan sola.

-No puedo, no quiero dejar sola a Laila.

-¿Sola? Esta durmiendo en la caseta con Nano.

-Ahm... pues vale, vale.

-¡Bien!¿Me puedes echar crema de mosquitos en la espalda?

-Ok. Buenas noches Afri - me acerco y le doy un beso en la frente.

-Bu, buenas noches.

No sé que cojones acabo de hacer. Y ahora tengo que dormir con Eva. ¿Me estará tirando los tejos? ¿Y qué hace Laila durmiendo con Nano? No entiendo nada.

sábado, 11 de junio de 2011

-¡Auu!¡Joder!¡Puta piñata de mierda! Me ha dado un buena hostia- dijo Eva colocándose las manos en la cabeza.

Entonces todos comienzan a reírse. No por el hecho del golpe, si no por ese mal vocabulario utilizado por Eva. Con lo fina que parece. Nos extraña que no haya dicho "recórcholis", "zapristi", o cosas parecidas que venían en las típicas viñetas de Zipi y Zape, cuando algo les salía mal.

-Eva ha dicho puta y mierda en una misma frase, ¡esto hay que celebrarlo!

-Nano, tu celebras hasta cuando meas por dentro tío.

-Estoy con Kike. Me acuerdo cuando celebramos que las había suspendido todas. ¿No se supone que es al revés? - dijo Mario con los ojos entrecerrados.

Creo que ya están todos ligeramente borrachos. Bueno, todos menos las chicas. Laila se ríe por cada tontería que dicen los demás, como la entiendo. Estar en un grupo de personas desconocidas y tener que fingir que todo le hace gracia. Más de uno lo hemos hecho. Incluso con mis propios amigos me he tenido que reír obligado, por el bien del grupo. Pero la comprendo, estar ahí sentada, con el mismo vaso en la mano desde horas, intentando pillar las conversaciones ya que muchas son de recuerdos nuestros, momentos pasados, situaciones graciosas y frases que pasaran a la historia en nuestro grupito. Solo espero que no se lo este pasando mal.

-Bueno Alex, ábrelo ya.

¿Qué puede ser? Si Eva insiste tanto es porque es algo que le ha costado conseguir. Veamos.

-¿Unos calzoncillos?

-No, tonto. Es un bañador cortitos, ¡para que estés a la moda!

¿A la moda?¡Un bañador de estrellas plateadas en un fondo rosa! Voy a parecer un mariquita. Intenta hacerte el sorprendido agradecelo y ve al siguiente regalo.

-Pues están muy bonitos, gracias Eva, voy a ser todo un playboy.

-¡Sabía que te gustaría! Ademas, así se te marcará más el paquete, je, je - dijo sonrojándose.

¿Es cosa mía o acabo de notar cierto coqueteo? Supongo que como soy el único del grupo con el que no se ha enrollado, lo tendrá apuntado como reto en su agenda rosa de Hello Kitty. Puede que este exagerando, ya que simplemente no me ha dicho nada del otro mundo, pero lo que caracteriza a Eva cuando quiere ligar con alguien, es su risita de quinceañera.

-¡Póntelos Alex! - grita Nano.

Entonces, Eva me mira deseando que asienta con la cabeza. ¡Qué cabrón eres Nano!

-No sé, a lo mejor me quedan demasiado justos.

-No creo, son de tu talla.

Miro a Eva, extrañado de como puede saber cual es mi talla.

-Si te preguntas que como lo sé, es porque soy muy buena adivinando tallas de ropa interior, je, je.

Creo que ha bebido demasiado. En realidad solo se ha bebido dos vasos de Malibú, aunque no me extraña que se este haciendo la borracha. Una vez, le pusimos una bebida sin alcohol y nosotros le dijimos todo lo contrario. Ese día se bebió cuatro vasos, y estaba como una loca brincando de un lado a otro. No sé que pretende conseguir engañándose a si misma.

-Vale, pero no miren. Y eso va por ti también Kike, que tu ves un culo peludo y se te activa la neurona gay.

-¡Lo intentaré mi amor! - dice entre risas.

Les doy el culo a todos y confío en que estén mirando para otro lado. Bueno, eso de confiar, dudo que lo hagan.
¡Mierda! Esto es muy estrecho, voy a pasar el ridículo de mi vida. Pero bueno, vamos allá.

-Ya pueden mirar.

Se hace un silencio, de diez segundos. Y se ríen como nunca, Nano se tira al piso, Kike, me señala el paquete, Laila se tapa los ojos, Africa mira hacia otro lado, Mario se limpia las lagrimas, y Eva, bueno, Eva se acerca y me mira el culo descaradamente.

-¡Amigos cabrones!

Me pongo el pantalón por encima, y espero a que paren de reírse.

-¿Ya?

-Si, si, picha dura - dice Laila, sorprendiendo a todos.

-Muy graciosa, por cierto, no les has hablado de ti a los chicos. Cuéntales que haces aquí y por qué tienes ese acento tan raro - la miro desafiante.

La he dejado roja de la vergüenza. Todos la están mirando ahora, quizás me haya pasado, pero veamos como sale de esta situación.

-Y a quién le va a importar eso ahora. ¡A beber chicos! - dice subiendo la música al máximo y levantando a la gente de las sillas.

Es muy astuta. Pero tarde o temprano le harán preguntas. Mis amigos son así, antes de seguir en nuestro grupo, se aseguraran si es buena como para formar parte de este circulo de amigos.
Se me acerca alguien por detrás y me susurra.

-¿Sabes que me pones verdad?...

miércoles, 25 de mayo de 2011

-¡¿Laila?! Pero que co...- le dije mientras ella me observaba riéndose.
-Date la vuelta y verás.

Me giro sin vacilar ni un instante.

-¡Felicidaaaadeeeeeeees!- gritaron todos a la vez.

Me acabo de quedar perplejo, todos me miran y me siento como si estuviera en un mitin previo a unas elecciones. Esperando que diga unas adornadas palabras para ganarme el cariño de mi pueblo. En cambio, digo lo primero que se me pasa por la cabeza.

-¿Y esto? ¿Una tarta? ¡Están locos todos!

En realidad estoy rebozando una alegría inmensa en mi interior. No sé que hacer, nunca he tenido el placer de tener un cumpleaños sorpresa. Y ellos lo saben.

-¿Esto dices? ¡Esto no es nada! Ponte la venda en los ojos anda - dijo Nano.
-Esto no es una venda, ¡son tus calcetines atados! ¡Ni te atrevas a ponerme eso en la cara, jediondo!
-Kike, agarrale las manos que también se las vamos a atar.

De nada servía resistirme. Me ataron las manos a la espalda, colocaron los calcetines alrededor de mi cabeza asegurándose de que no veia nada y luego me amenazaron con meterme uno en la boca si no paraba de quejarme. Sí, me estuve callado. Oler los calcetines de Nano es una tortura aprobada por el FBI para hacer que los terroristas hablen sin necesidad de violencia.

-A ver, ahora viene un escalón, ¡cuidado!
-¡Qué! ¿¡Qué pasa!?
-Nada, que acabas de pisar una hormiga - dijo Nano mofándose de mí al igual que los demás.
-Cuando me quite la venda, les voy a dar una zurra a todos.

Entonces, me paran y me dicen que me van a desatar las manos.

-Espera a que te avisemos, y te quitas la venda de los ojos, ¿vale? - dijo África.
-Vale, bien.

¡Qué nervios! ¿Qué podrá ser? Bueno, conociéndolos me puedo esperar cualquier cosa. Menos un cumpleaños estilo "Mis dulces 16". Ya me gustaría a mí.

-Uno, dos... ¡tres! - dicen todos.
-¿Ya? - dije.
-¿Pero no nos has escuchado, o estas tonto? - dijo Nano.
-Sí, pero no me habían dicho que iban a contar. Se supone que me la quito cuando llegan a tres o ¿dicen algo más?

De repente, siento una gran colleja en la nuca. Me dolió porque esa mano tenía anillo. Seguro que fue Eva. No sale a la calle sin sus anillos de dos metros cuadrados de longitud. No exagero, son muy pintorescos.

-Vale, me ha quedado claro.
-Uno, dos... ¡tres!

Me quito aliviado, los calcetines de la cara. Cinco minutos más y podría haber tenido la muerte más asquerosa y tonta del mundo. Mis ojos se adaptan de nuevo a la claridad. Los veo a todos, Kike, Nano, África, Mario, Eva, y a la nueva, Laila. Todos sonríen, entonces se apartan y observo una gran mesa. Diría que son tres mesas juntas de apartamento de fin de semana. Las cubre un gran mantel azul cielo precioso. Globos pegados en las paredes junto con cartulinas donde ponen recuerdos que he vivido con cada uno de ellos. Me impaciento por leerlos todos antes de seguir observando alrededor. Mi cara era un cuadro, no sabían si lloraba de alegría, si me reía, era un cúmulo muy grande de sensaciones. Termino de leerlos, aunque falta uno,
el de Laila.

-Me falta el tuyo, ¿no?- dije dirigiéndome a ella.
-Aquí lo tienes.

Me coge del cuello y me da un beso. Se para el reloj, cierro los ojos tan sorprendidos que puse en ese primer segundo en el que contactan sus labios con los míos. Dura exactamente ocho segundos y acto seguido me da un abrazo. Abro los ojos, y veo a todos aplaudiendo, bueno, todos no. África se mantuvo todo el rato mirando al suelo. Supongo que estará mal por la recién muerte de su abuelo.

-¡Venga!¡A beber! - grita Nano, el "alma de las fiestas".
Laila deja de abrazarme.
-¿Como has hecho para salir de mi casa?
-Eso preguntáselo a tus amigos, ellos son los que lo han planeado todo desde hace tiempo - dijo Laila picándome un ojo y yéndose a la mesa a por bebida.

Comienza a sonar la música. Veo que se han traído la radio rosa de pilas de la hermana de Kike. Que ridículo hemos hecho con esa cosa en la playa.
En la gran mesa, veo de todo, bebidas, comida y, ¿regalos? Espero que no, pero que digo, ¡espero que sí!

-¿Miras los regalos, Alex? - dijo Mario.
-¿Regalos? ¿Qué regalos?

Empiezan a reírse todos de mi cara.

-No sabes mentir tío. ¿Los quieres abrir ahora o al final?
-Mejor al final, cuando estén todos borrachos y así pueda hablar sin problema de la porquería que me han regalado.
-¡Quietos, quietos! ¡Que tengo un nuevo monólogo que hacerles! - dijo Nano subiéndose a una de las mesas.
-¡Ooh, no!
-Que Dios nos coja confesados.

Sin más preámbulos. Da comienzo el monólogo de Nano. Ponemos las sillas alrededor de la mesa donde estaba de pie, convirtiéndola en una especie de tarima. Cojo una silla y me siento al lado de África y me pongo detrás de todos.

-¿Te pasa algo?
-No, no.
-Es por tu abuelo, ¿verdad?
-Ehm... sí, es por eso. Aún me cuesta pensar que no esta aquí.
-Ven aquí y dame un abrazo tonta.

En ese momento, mientras todos reían por el monologo de Nano, Laila lanza la vista atrás y nos ve abrazados. Su sonrisa aminora, y observa a África con desprecio.
A entradas horas de la noche, la fiesta se ve que esta acabando. Eso ocurre cuando llega el momento en el que Nano utiliza mucho la frase de "Tío, eres mi mejor amigo", cuando Mario comienza a contar historias de miedo, Kike hace preguntas tontas y Eva bosteza. Es el momento clave para abrir mis regalos.

-Chicos, voy a abrir los regalos.
-¡Si, venga, venga! - dice Eva.
-Ustedes me van dando cada uno el suyo y los voy abriendo.
-Venga empiezo yo - comenta Eva de nuevo.

Me lo da en las manos con mucho cuidado. Es una medianamente grande y apenas pesa. Cuando me dispongo a abrirlo, levanto la cabeza para ver la expresión que tiene Eva. Desesperada por que abra su regalo, le sonrio y veo algo detrás de ella. Una sombra
que se acerca velozmente. Mi rostro cambia de expresión.

-¡¡Eva!! ¡¡Cuidado!!

lunes, 16 de mayo de 2011

-¡Joder! ¿Y tú que haces aquí?- dije sorprendido.
-Pillé la llave que siempre escondes en la maceta que tienes al lado de tu puerta. Llevo como 30 minutos tocándote a la puerta y llamándote al móvil.
-¿Me llamaste o simplemente me distes toques para que te llamara?- dije mientras me incorporaba.
-Lo que sea Alex. Vete despertándote que tenemos partido de fútbol donde siempre y con los de siempre.
-Tengo visita tío, no puedo dejarla aquí sola.
-¿Visita? Yo no he visto a nadie en tu casa, a no ser que el pedazo de pelusa que tienes en la esquina de tu habitación sea tu compañía. Si es así, no me digas como te lo montas por las noches.
-¿Cómo que no hay nadie?- dije sorprendido mientras me levantaba y subía la escalera a zancadas.

Y exacto, no había nadie. Ni siquiera maletas y la cama estaba intacta, ni una tímida arruga se daba a ver en la colcha de mi cama. Bajo de nuevo, cojo mi móvil y le mando un mensaje a Laila diciéndole dónde se había metido. Recibo su mensaje en menos de un minuto y me contesta que no sabe de qué hablo, que ella no se ha movido de su casa. En ese momento fue cuando comencé a pensar qué es lo que había hecho en ese espacio de tiempo que al parecer estaba vacío.

-¡Vámonos ya, Alex!
-Ya voy Nano, déjame coger las cosas y déjate de coger comida de la despensa que luego mis padres me echan la bronca a mí.

Sí, mi mejor amigo se llama Nano, bueno en realidad es un mote que le puso su madre, nosotros empezamos a reírnos de él hasta que se le quedó ese mote y nos olvidamos completamente de su nombre. Nano vive a cinco minutos de mi casa. Él es un chico humilde, bromista, un guaperas, amigo de sus amigos, es prácticamente igual que yo. Siempre lo he considerado como ese hermano que nunca tuve. Todo lo hacemos juntos, jugar a fútbol, salir de fiesta, ir a la playa… Tenemos más amigos pero a nosotros dos siempre nos ha bastado con tenernos el uno al otro.

-Tío, que esta gente ya me están dando toques al móvil, ¡vamos a llegar una jodida hora tarde!
-Venga vámonos, cacho pesado, ¡y suelta esa puta magdalena!

Cerré la puerta de mi casa y salimos corriendo a su coche.

Nuestro grupo de amigos y yo, solemos ir a jugar a fútbol una vez por semana a una vieja escuela la cual esta abandonada. La cancha de fútbol tiene baches, que se dejan notar cuando llueve y dejan ciertos charcos en algunas zonas. Las porterías no tienen redes y muchas líneas del campo no se ven, pero es muy difícil encontrar un lugar así, sin prácticamente nadie.

Llegamos a la escuela y a Nano y a mi nos llueven collejas de todos los chicos, es una de las cosas que hacemos cuando alguien no llega a su hora. Recuerdo que en la comunión del hermano de Nano uno de nuestros amigos llego tarde y en la misma iglesia le dejamos la nuca roja. La gente se nos quedó mirando pero el cura, que era un cachondo, dijo:
-Oye chicos, que aquí quien da las hostias soy yo.
Ese momento se nos quedará grabado para siempre.

Saco mis botas, me las pongo en un abrir y cerrar de ojos, y de un salto ya estoy en la cancha tocando la pelota. Debatimos en unos minutos los equipos aunque todos saben que Nano y yo debemos estar en el mismo. Siempre debe de ser así, porque somos muy competitivos y cuando estamos frente a frente, cada uno quiere ridiculizar al otro o dar a entender a los demás quien es el mejor de los dos, por eso es mejor estar juntos para que acabemos bien.

Bueno, disculpen mi mala educación. Les presento a mis amigos. Somos cuatro chicos y dos chicas. Una de ellas se llama África, es la futbolera del grupo. Tiene una naturalidad increíble, con eso me refiero a que nunca utiliza maquillaje y aún así es preciosa. No sabemos que nos pasa con ella, porque sabemos que es muy guapa, tiene un buen cuerpo y le encanta jugar al fútbol. Lo malo es que la conocemos desde pequeños, ya que Nano y yo coincidimos con ella en la guardería y vivimos cerca. La queremos como una hermana.
Luego está Eva, la niña de papá y mamá. Solo tengo que decir a cerca de ella que tarda más de dos horas para maquillarse, es lo contrario de África y en cambio, se llevan muy bien. Mario, es el ex de Eva. Lo conocimos por ella hace unos cuatro años y se separó de sus amigos para unirse a nosotros. El tío más listo que hemos conocido. Todo un cerebrito, no sabemos como pudo salir con Eva. Y por último Kike, el que aguanta todas nuestras bromas. Paciente y la mejor persona del mundo. Tanto que puede llegar a ser muy tonto. Pero es nuestro tonto y lo defendemos a muerte cuando lo vacilan.

-Oigan, ¿y el otro equipo? - dije extrañado.
-Dicen que estaban llegando, asomate a la valla Alex - dijo Mario.

Entonces le hago caso me asomo por la valla y...

martes, 10 de mayo de 2011

-Lo sé, era para asegurarme Laila, no te pongas así.
-¡Yo me pongo como me de la gana!-dijo gritandome.
-¿Pero que falta de respeto es esta? Sabes lo que te digo, ¡que ahora te vas a quedar en el jodido aeropuerto!

Dejo su maleta en el piso y me voy muy enfadado.

-Ey, ¡Alex!

Me doy la vuelta y digo:

-¡Que quieres aho...

En menos de un segundo me pone su delgado dedo índice en mis labios y me quedo callado. Se acerca a un palmo de mi cara, que digo a un palmo, ¡a unos milímetros! Cuando llega a tocar mi nariz con la suya me mira con sus preciosos ojos brillantes. Pone su otra mano en mi pecho, mira mis labios y acto seguido se queda mirando a mis ojos. Mira uno y mira al otro, lo noto ya que los suyos se mueven como si estubiese leyendo un libro. Una mirada tan penetrante que procuro no pensar nada con miedo de que pueda leer mi mente.
Se acerca a una de mis oreja, apartando su dedo de mis labios y colocando su mano con una hermosa situleza en mi cuello.

-Me ha encantado verte enfadado- me dice susurrandome.

¡Los pelos se me han puesto de gallina! Pienso en mil cosas que decirle, en besarla, en no desperdiciar este momento. Venga Alex, lánzate. Ahora no es momento para pensar, ¡actúa!

-Eehm... Yo... ¿Tienes hambre?

¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Descerebrado! ¡Tonto del culo!

-Ehm... Sí, vamos a comer algo por aquí si quieres - dijo apartando sus manos y hablandome desde una distancia moderada.

Nota mental: Alex, desde que llegues a casa, busca una pared y golpeate repetidas veces. Eres un pringado.

-Mejor comemos en mi casa.
-Eres un tio muy raro. Pero vamos, así no me gasto dinero y veo que tal cocinas - me dice con una sonrisa.

Al menos no se ha enfadado. Por un momento pensé que me iba a preguntar acerca de mi sexualidad. Con lo nervioso que estoy podría haberlo empeorado más. Pero bueno, vámonos a mi casa que es mi habitat y supongo que se sentirá un poco cohibida. Aunque de esta chica, me espero cualquier cosa.
Recojo una de sus maletas del suelo y nos disponemos a buscar mi coche. No es un coche moderno, ni tampoco lo necesito que lo sea, me basto con cuatro ruedas y un volante. La verdad es que soy un tanto conformista para todo y es un problema ya que no es lo mismo un suficiente que un sobresaliente. Ya cambiaré.

-¿Este es tu coche?
-No. Yo tengo un deportivo pero lo tengo en el taller. ¿Algún problema con mi bólido? - digo mientras le doy un beso a mi coche.
-Ninguno. Pero tu si que vas a tenerlo si lo sigues besando.

Ya montados en mi coche, vamos dirección a mi casa. No sé cómo ha aceptado eso de dormir en mi casa, pero supongo que los hoteles no están muy baratos y menos ahora con la escasa economía que estamos viviendo en esta ciudad. Bueno, en parte, ayuda mucho que mis padres se hayan tomado justo este mes de crucero y así poder alojar a Laila en mi casa, sin tener la opinión de mi familia. Está bien claro que a mis padres no les gusta que deje dormir chicas en casa, pero esto no lo sabrá nadie excepto Laila y algunos de mis amigos más cotillas.

Llegamos a mi casa, sin decir ni una palabra durante el trayecto de 30 minutos que hay desde el aeropuerto hasta mi querido hogar. La miro, y me doy cuenta de que está durmiendo. Tiene una rostro angelical cuando duerme. Se me hace raro verla dormir, y sin decir nada, me quedo durante dos minutos embobado mirándola como una madre cuando ve dormir a su hijo en su cuna.
Me bajo del coche, intentando hacer el menos ruido posible. Saco las maletas, y abro la puerta de mi casa, subo las escaleras y entro en mi habitación, dejando todas las maletas en una esquina.

-Ahora solo me queda coger a la señorita dormilona.- dije mientras me remangaba las mangas de la camisa.

Bajo la escalera y cojo las llaves por si se cierra la puerta con el viento ya que una vez me pasó que tuve que saltar desde la casa de mi vecino y se armo un gran escándalo al haberme confundido con un ladrón.
Llego al coche, le quito el cinto y planeo cómo cogerla. Al cabo de unos minutos y tras varios intentos fallidos por fin la puedo coger bien, pero tan bien, que ni siquiera hace ese intento de abrir los ojos. Cierro la puerta del coche con el pie, al igual que la puerta de mi casa. La subo a mi cuarto habiendo conseguido el reto que supone subir esos escalones tan de punta que tiene la escalera de mi casa.
Me pongo de rodillas y la dejo muy despacio sobre mi cama. Con un acto reflejo, se acomoda. Le quito los zapatos y la tapo con una manta. Me siento en la cama justo al lado de ella y le doy un beso en la frente.

-Gracias Alex.- dijo sin abrir los ojos y sonriendo.
-Lo tenías todo planeado, lista.
-Pero no contaba con tu beso.
-Descansa anda.- le susurre mientras le acariciaba el pelo casi sin darme cuenta de lo que hacía.

Me levante de la cama, y fui a la cocina para hacerme algo de comer. No tenía casi nada de comida, así que improvise cogiendo todo lo que iba viendo en la despensa y termine por comer una especie de envuelto de 4 huevos con atún, salchichas, queso y chorizo. No es que fuese muy saludable, pero no tenía tiempo para estar sumando calorías.
Ya eran más de las 8 de la tarde, y me acorde que era sábado y tocaba partido de fútbol en la tele. Me acomodé en el sillón y sin pasar ni media hora, me quede tan dormido que el teléfono sonó 3 veces y pensaba que eso era un añadido de mi sueño. Me merecía un descanso, tras este día tan lleno de emociones tan desconocidas para mí. Pero empiezo a notar como algo suave, va desde mi frente y pasa rápidamente a mi cuello haciendo una especie de Tour por mi cara, entonces abro los ojos…

martes, 3 de mayo de 2011

-Al fin llegó el día- me dijo una voz dulce y muy familiar.
Entonces, aparte sus manos lentamente de mis ojos, y con un giro de cabeza me quede mirándola.
-¡Laila!- le dije mientras nos fundíamos en un cálido abrazo.
Mis ojos estaban llorosos, intente disimularlo y no soltar ni una lágrima, no es muy bueno que yo rompa a llorar y ella me consuele. Pensándolo bien ya he quedado bastante mal hoy, así que no sería de gran importancia. Pero cogí aire y le dije.
-Lo que llevo esperándote en el aeropuerto me ha parecido más largo que estos 7 meses esperando para que llegara este día.- dije tembloroso.
-Ya veo que eres igual de tonto que por teléfono- dijo entre risas- Pues llevaba un rato mirándote y me fijé que estabas muy nerviosito por verme, ¿no?
-¿Yo? ¡Qué va! Aquí donde me ves, no soy chico que se pone nervioso por nadie, soy de lo más tranquilo.
-Ya, por eso te he visto dando tantas vueltas, mirando el móvil cada dos por tres y mordiéndote las uñas- dijo en tono desafiante, acercándose más a mi- Creo que te estás enamorando de mi, Alex.
-Ya querrías tú que fuera eso. Vámonos que estoy cansado de estar aquí.

Esta conversación es lo que quería oír la primera vez que nos tuviéramos que ver. Quizás para algunas personas les resulte extraño, pero esas bromas medio enserio y ese tipo de abrazo, junto con mis nervios, se me hacen un cúmulo de emociones que con esa simple conversación de patio de colegio hace que en mi cabeza siga sin dejar de pensar que ella es esa chica ideal de la cual cada persona conocemos a lo largo de nuestra vida y nos hace pensar que solo hay una entre un millón. Sí, puede que sea un poco excesivo para el primer día pero no me quiten esa ilusión que me caracteriza y me hace único.

Cogí una de sus maletas y caminamos un rato por el aeropuerto, como si de un parque se tratara pero en vez de personas paseando a sus mascotas veía a empresarios elegantes con sus maletas de ruedas. Me sorprendió una mujer la cual tenía una maletita de ruedas y no se me ocurrió otra cosa que pensar en bautizarla como la maleta chihuahua. Luego ví una maleta blanca con manchas negras distribuidas aleatoriamente por la maleta y obviamente la llamé la maleta dálmata. La verdad es que se me ocurren muchas estupideces, no es culpa mía, es de las películas y series americanas que han convertido mi cabeza en una jungla infinita de imaginación. Debería escribir un libro.

-¿Llevas mucho esperando a que llegase mi vuelo?- dijo Laila para romper un poco el hielo.
- No, no. Unas dos horas aproximadamente.
-¿En serio? Yo no hubiese durado tanto, ya veo que eres un chico muy paciente.

En realidad, hace unos minutos ese chico paciente se convirtió en una de esas fans que esperan la llegada de su cantante de pop favorito, mordiéndome las uñas, sudando, moviendo mi pie derecho de arriba abajo como si un muelle se me hubiese colado debajo de mi zapatilla, con fatiga y con la sensación de que cada vena de mi cuerpo tenía pulsaciones propias. Mi corazón bombeaba sangre de una manera impresionante. Por un rato pensé que si hubiese sabido todo esto, hubiera traído ropa de deporte y dejar de ser socio de ese mal gimnasio al que acostumbro a ir semana tras semana.

- Soy paciente para cuando me interesa algo.
-¿O sea que te intereso? Solo falta que te arrodilles y me saques un anillo.

Dios. Esta chica me esta sacando los colores. Me ha dejado en vergüenza en todas las conversaciones. Sabía acerca de su carácter, pero es que se defiende demasiado bien y yo soy quien suele llevar la batuta. Tengo claro que es una chica diferente a las demás.

- A ver, no digo que me intereses, que tampoco es que no...

De repente, escuchamos por megafonía:
-Se ha encontrado una maleta rosa con una pegatina a uno de sus lados donde pone BTF, por favor, su propietario acuda al mostrador de nuestra compañía de vuelos Airspace, gracias…

-¿Te has traido otra maleta, Laila?
-No, no. Solo he traido estas dos.
-Te lo pregunto porque esa pegatina es de tu grupo de música preferido.
-Bueno... Habrá más gente a la que le guste ese grupo.

viernes, 29 de abril de 2011

Levanto la mirada, observo a esas personas nerviosas, la mayoría de pie, fumando, caminando en círculos, rezando en silencio con sus ojos entrecerrados creyendo que un simple rezo a ese ser llamado Dios traiga a esos seres queridos de vuelta, y yo, simplemente sentado solo, en un rincón de la terminal justo al lado de la entrada a unos pocos metros de las puertas de llegada.
Observo detenidamente a las personas que están de pie justo delante de las puertas de salida. Unas personas que con solo mirarlas se les puede ver en su rostro una especie sensación extraña. Como si cada una de ellas sintiesen como si su corazón intentase escapar de su pecho mediante unas fuertes pulsaciones. Pulsaciones provocadas por esos nervios de inseguridad. Pero yo no, a mi no me pasa, quizás es porque no he pensado bien el por qué estoy en el aeropuerto, quizás al estar muy a menudo viajando ya me conozca estas sensaciones que me rodean. No sé muy bien el por qué pero lo que sé, es que tengo ganas de salir de este sitio lo antes posible.

Son las 4 de la tarde según el reloj de mi móvil, no veo ninguna llamada perdida, ni siquiera un mensaje y el avión lleva 40 minutos de retraso. Me toco el pecho, noto esa sensación de la que había hablado, un sonido magistral, disimula cualquier cosa que pasa a mi alrededor, las pisadas de las personas y sus comentarios llegan a mis oídos como susurros. Ahora mi corazón es quien domina mis oídos.

Empiezan a abrirse las puertas de salida, y la fatiga se hace notar a causa de ese ligero desayuno de leche y galletas. No me levanto, porque tengo la impresión de que no podré mantenerme en pie, así que espero sentado intentando hacer que se me pase. Hay demasiada gente como para desmayarme y montar un espectáculo. Ya me ha pasado otras veces, desde que era pequeño, pero con el paso de los años he sabido controlarlo, pero en este momento, me sorprende que me este costando hacerlo, ¿significará esto algo? Esperemos que solo haya sido por el desayuno, no quiero ni imaginar que esté tan nervioso por conocer a alguien.

Salen las primeras personas y comienzan los primeros llantos, los primeros abrazos, los primeros besos, pienso que en ninguna parte del mundo hay tanto amor como en un aeropuerto. Padres, madres, hijos, hermanos, tíos, amigos, novios… quien sabe lo que son cada una de esas personas, muestran alivio, calma, como si ese malestar del principio hubiera sido apagado por un simple contacto de esa persona a la que esperaban con entusiasmo. Esa magia es la que nos hace tan humanos, dotados de esos sentimientos que carecen de significado los cuales nos empeñamos en llamar amor.

Entonces unas manos frías me tapan los ojos, tan precisamente que ni siquiera hay ni una tímida grieta por la que entre luz. El resto de mis sentidos se agudizan y solo atienden a la persona de esas manos tan frías. Escucho como mueve su cabeza hacia uno de mis oídos, mientras tanto, mi olfato entra en acción experimentando esa mezcla de perfumes que lleva. Tiene un aroma acogedor, un aroma el cual te podrías dormir toda la noche abrazado a ella, por lo menos ya sé que es una chica.