-Lo sé, era para asegurarme Laila, no te pongas así.
-¡Yo me pongo como me de la gana!-dijo gritandome.
-¿Pero que falta de respeto es esta? Sabes lo que te digo, ¡que ahora te vas a quedar en el jodido aeropuerto!
Dejo su maleta en el piso y me voy muy enfadado.
-Ey, ¡Alex!
Me doy la vuelta y digo:
-¡Que quieres aho...
En menos de un segundo me pone su delgado dedo índice en mis labios y me quedo callado. Se acerca a un palmo de mi cara, que digo a un palmo, ¡a unos milímetros! Cuando llega a tocar mi nariz con la suya me mira con sus preciosos ojos brillantes. Pone su otra mano en mi pecho, mira mis labios y acto seguido se queda mirando a mis ojos. Mira uno y mira al otro, lo noto ya que los suyos se mueven como si estubiese leyendo un libro. Una mirada tan penetrante que procuro no pensar nada con miedo de que pueda leer mi mente.
Se acerca a una de mis oreja, apartando su dedo de mis labios y colocando su mano con una hermosa situleza en mi cuello.
-Me ha encantado verte enfadado- me dice susurrandome.
¡Los pelos se me han puesto de gallina! Pienso en mil cosas que decirle, en besarla, en no desperdiciar este momento. Venga Alex, lánzate. Ahora no es momento para pensar, ¡actúa!
-Eehm... Yo... ¿Tienes hambre?
¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Descerebrado! ¡Tonto del culo!
-Ehm... Sí, vamos a comer algo por aquí si quieres - dijo apartando sus manos y hablandome desde una distancia moderada.
Nota mental: Alex, desde que llegues a casa, busca una pared y golpeate repetidas veces. Eres un pringado.
-Mejor comemos en mi casa.
-Eres un tio muy raro. Pero vamos, así no me gasto dinero y veo que tal cocinas - me dice con una sonrisa.
Al menos no se ha enfadado. Por un momento pensé que me iba a preguntar acerca de mi sexualidad. Con lo nervioso que estoy podría haberlo empeorado más. Pero bueno, vámonos a mi casa que es mi habitat y supongo que se sentirá un poco cohibida. Aunque de esta chica, me espero cualquier cosa.
Recojo una de sus maletas del suelo y nos disponemos a buscar mi coche. No es un coche moderno, ni tampoco lo necesito que lo sea, me basto con cuatro ruedas y un volante. La verdad es que soy un tanto conformista para todo y es un problema ya que no es lo mismo un suficiente que un sobresaliente. Ya cambiaré.
-¿Este es tu coche?
-No. Yo tengo un deportivo pero lo tengo en el taller. ¿Algún problema con mi bólido? - digo mientras le doy un beso a mi coche.
-Ninguno. Pero tu si que vas a tenerlo si lo sigues besando.
Ya montados en mi coche, vamos dirección a mi casa. No sé cómo ha aceptado eso de dormir en mi casa, pero supongo que los hoteles no están muy baratos y menos ahora con la escasa economía que estamos viviendo en esta ciudad. Bueno, en parte, ayuda mucho que mis padres se hayan tomado justo este mes de crucero y así poder alojar a Laila en mi casa, sin tener la opinión de mi familia. Está bien claro que a mis padres no les gusta que deje dormir chicas en casa, pero esto no lo sabrá nadie excepto Laila y algunos de mis amigos más cotillas.
Llegamos a mi casa, sin decir ni una palabra durante el trayecto de 30 minutos que hay desde el aeropuerto hasta mi querido hogar. La miro, y me doy cuenta de que está durmiendo. Tiene una rostro angelical cuando duerme. Se me hace raro verla dormir, y sin decir nada, me quedo durante dos minutos embobado mirándola como una madre cuando ve dormir a su hijo en su cuna.
Me bajo del coche, intentando hacer el menos ruido posible. Saco las maletas, y abro la puerta de mi casa, subo las escaleras y entro en mi habitación, dejando todas las maletas en una esquina.
-Ahora solo me queda coger a la señorita dormilona.- dije mientras me remangaba las mangas de la camisa.
Bajo la escalera y cojo las llaves por si se cierra la puerta con el viento ya que una vez me pasó que tuve que saltar desde la casa de mi vecino y se armo un gran escándalo al haberme confundido con un ladrón.
Llego al coche, le quito el cinto y planeo cómo cogerla. Al cabo de unos minutos y tras varios intentos fallidos por fin la puedo coger bien, pero tan bien, que ni siquiera hace ese intento de abrir los ojos. Cierro la puerta del coche con el pie, al igual que la puerta de mi casa. La subo a mi cuarto habiendo conseguido el reto que supone subir esos escalones tan de punta que tiene la escalera de mi casa.
Me pongo de rodillas y la dejo muy despacio sobre mi cama. Con un acto reflejo, se acomoda. Le quito los zapatos y la tapo con una manta. Me siento en la cama justo al lado de ella y le doy un beso en la frente.
-Gracias Alex.- dijo sin abrir los ojos y sonriendo.
-Lo tenías todo planeado, lista.
-Pero no contaba con tu beso.
-Descansa anda.- le susurre mientras le acariciaba el pelo casi sin darme cuenta de lo que hacía.
Me levante de la cama, y fui a la cocina para hacerme algo de comer. No tenía casi nada de comida, así que improvise cogiendo todo lo que iba viendo en la despensa y termine por comer una especie de envuelto de 4 huevos con atún, salchichas, queso y chorizo. No es que fuese muy saludable, pero no tenía tiempo para estar sumando calorías.
Ya eran más de las 8 de la tarde, y me acorde que era sábado y tocaba partido de fútbol en la tele. Me acomodé en el sillón y sin pasar ni media hora, me quede tan dormido que el teléfono sonó 3 veces y pensaba que eso era un añadido de mi sueño. Me merecía un descanso, tras este día tan lleno de emociones tan desconocidas para mí. Pero empiezo a notar como algo suave, va desde mi frente y pasa rápidamente a mi cuello haciendo una especie de Tour por mi cara, entonces abro los ojos…
-¡Yo me pongo como me de la gana!-dijo gritandome.
-¿Pero que falta de respeto es esta? Sabes lo que te digo, ¡que ahora te vas a quedar en el jodido aeropuerto!
Dejo su maleta en el piso y me voy muy enfadado.
-Ey, ¡Alex!
Me doy la vuelta y digo:
-¡Que quieres aho...
En menos de un segundo me pone su delgado dedo índice en mis labios y me quedo callado. Se acerca a un palmo de mi cara, que digo a un palmo, ¡a unos milímetros! Cuando llega a tocar mi nariz con la suya me mira con sus preciosos ojos brillantes. Pone su otra mano en mi pecho, mira mis labios y acto seguido se queda mirando a mis ojos. Mira uno y mira al otro, lo noto ya que los suyos se mueven como si estubiese leyendo un libro. Una mirada tan penetrante que procuro no pensar nada con miedo de que pueda leer mi mente.
Se acerca a una de mis oreja, apartando su dedo de mis labios y colocando su mano con una hermosa situleza en mi cuello.
-Me ha encantado verte enfadado- me dice susurrandome.
¡Los pelos se me han puesto de gallina! Pienso en mil cosas que decirle, en besarla, en no desperdiciar este momento. Venga Alex, lánzate. Ahora no es momento para pensar, ¡actúa!
-Eehm... Yo... ¿Tienes hambre?
¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Descerebrado! ¡Tonto del culo!
-Ehm... Sí, vamos a comer algo por aquí si quieres - dijo apartando sus manos y hablandome desde una distancia moderada.
Nota mental: Alex, desde que llegues a casa, busca una pared y golpeate repetidas veces. Eres un pringado.
-Mejor comemos en mi casa.
-Eres un tio muy raro. Pero vamos, así no me gasto dinero y veo que tal cocinas - me dice con una sonrisa.
Al menos no se ha enfadado. Por un momento pensé que me iba a preguntar acerca de mi sexualidad. Con lo nervioso que estoy podría haberlo empeorado más. Pero bueno, vámonos a mi casa que es mi habitat y supongo que se sentirá un poco cohibida. Aunque de esta chica, me espero cualquier cosa.
Recojo una de sus maletas del suelo y nos disponemos a buscar mi coche. No es un coche moderno, ni tampoco lo necesito que lo sea, me basto con cuatro ruedas y un volante. La verdad es que soy un tanto conformista para todo y es un problema ya que no es lo mismo un suficiente que un sobresaliente. Ya cambiaré.
-¿Este es tu coche?
-No. Yo tengo un deportivo pero lo tengo en el taller. ¿Algún problema con mi bólido? - digo mientras le doy un beso a mi coche.
-Ninguno. Pero tu si que vas a tenerlo si lo sigues besando.
Ya montados en mi coche, vamos dirección a mi casa. No sé cómo ha aceptado eso de dormir en mi casa, pero supongo que los hoteles no están muy baratos y menos ahora con la escasa economía que estamos viviendo en esta ciudad. Bueno, en parte, ayuda mucho que mis padres se hayan tomado justo este mes de crucero y así poder alojar a Laila en mi casa, sin tener la opinión de mi familia. Está bien claro que a mis padres no les gusta que deje dormir chicas en casa, pero esto no lo sabrá nadie excepto Laila y algunos de mis amigos más cotillas.
Llegamos a mi casa, sin decir ni una palabra durante el trayecto de 30 minutos que hay desde el aeropuerto hasta mi querido hogar. La miro, y me doy cuenta de que está durmiendo. Tiene una rostro angelical cuando duerme. Se me hace raro verla dormir, y sin decir nada, me quedo durante dos minutos embobado mirándola como una madre cuando ve dormir a su hijo en su cuna.
Me bajo del coche, intentando hacer el menos ruido posible. Saco las maletas, y abro la puerta de mi casa, subo las escaleras y entro en mi habitación, dejando todas las maletas en una esquina.
-Ahora solo me queda coger a la señorita dormilona.- dije mientras me remangaba las mangas de la camisa.
Bajo la escalera y cojo las llaves por si se cierra la puerta con el viento ya que una vez me pasó que tuve que saltar desde la casa de mi vecino y se armo un gran escándalo al haberme confundido con un ladrón.
Llego al coche, le quito el cinto y planeo cómo cogerla. Al cabo de unos minutos y tras varios intentos fallidos por fin la puedo coger bien, pero tan bien, que ni siquiera hace ese intento de abrir los ojos. Cierro la puerta del coche con el pie, al igual que la puerta de mi casa. La subo a mi cuarto habiendo conseguido el reto que supone subir esos escalones tan de punta que tiene la escalera de mi casa.
Me pongo de rodillas y la dejo muy despacio sobre mi cama. Con un acto reflejo, se acomoda. Le quito los zapatos y la tapo con una manta. Me siento en la cama justo al lado de ella y le doy un beso en la frente.
-Gracias Alex.- dijo sin abrir los ojos y sonriendo.
-Lo tenías todo planeado, lista.
-Pero no contaba con tu beso.
-Descansa anda.- le susurre mientras le acariciaba el pelo casi sin darme cuenta de lo que hacía.
Me levante de la cama, y fui a la cocina para hacerme algo de comer. No tenía casi nada de comida, así que improvise cogiendo todo lo que iba viendo en la despensa y termine por comer una especie de envuelto de 4 huevos con atún, salchichas, queso y chorizo. No es que fuese muy saludable, pero no tenía tiempo para estar sumando calorías.
Ya eran más de las 8 de la tarde, y me acorde que era sábado y tocaba partido de fútbol en la tele. Me acomodé en el sillón y sin pasar ni media hora, me quede tan dormido que el teléfono sonó 3 veces y pensaba que eso era un añadido de mi sueño. Me merecía un descanso, tras este día tan lleno de emociones tan desconocidas para mí. Pero empiezo a notar como algo suave, va desde mi frente y pasa rápidamente a mi cuello haciendo una especie de Tour por mi cara, entonces abro los ojos…
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