-¡Joder! ¿Y tú que haces aquí?- dije sorprendido.
-Pillé la llave que siempre escondes en la maceta que tienes al lado de tu puerta. Llevo como 30 minutos tocándote a la puerta y llamándote al móvil.
-¿Me llamaste o simplemente me distes toques para que te llamara?- dije mientras me incorporaba.
-Lo que sea Alex. Vete despertándote que tenemos partido de fútbol donde siempre y con los de siempre.
-Tengo visita tío, no puedo dejarla aquí sola.
-¿Visita? Yo no he visto a nadie en tu casa, a no ser que el pedazo de pelusa que tienes en la esquina de tu habitación sea tu compañía. Si es así, no me digas como te lo montas por las noches.
-¿Cómo que no hay nadie?- dije sorprendido mientras me levantaba y subía la escalera a zancadas.
-Pillé la llave que siempre escondes en la maceta que tienes al lado de tu puerta. Llevo como 30 minutos tocándote a la puerta y llamándote al móvil.
-¿Me llamaste o simplemente me distes toques para que te llamara?- dije mientras me incorporaba.
-Lo que sea Alex. Vete despertándote que tenemos partido de fútbol donde siempre y con los de siempre.
-Tengo visita tío, no puedo dejarla aquí sola.
-¿Visita? Yo no he visto a nadie en tu casa, a no ser que el pedazo de pelusa que tienes en la esquina de tu habitación sea tu compañía. Si es así, no me digas como te lo montas por las noches.
-¿Cómo que no hay nadie?- dije sorprendido mientras me levantaba y subía la escalera a zancadas.
Y exacto, no había nadie. Ni siquiera maletas y la cama estaba intacta, ni una tímida arruga se daba a ver en la colcha de mi cama. Bajo de nuevo, cojo mi móvil y le mando un mensaje a Laila diciéndole dónde se había metido. Recibo su mensaje en menos de un minuto y me contesta que no sabe de qué hablo, que ella no se ha movido de su casa. En ese momento fue cuando comencé a pensar qué es lo que había hecho en ese espacio de tiempo que al parecer estaba vacío.
-¡Vámonos ya, Alex!
-Ya voy Nano, déjame coger las cosas y déjate de coger comida de la despensa que luego mis padres me echan la bronca a mí.
Sí, mi mejor amigo se llama Nano, bueno en realidad es un mote que le puso su madre, nosotros empezamos a reírnos de él hasta que se le quedó ese mote y nos olvidamos completamente de su nombre. Nano vive a cinco minutos de mi casa. Él es un chico humilde, bromista, un guaperas, amigo de sus amigos, es prácticamente igual que yo. Siempre lo he considerado como ese hermano que nunca tuve. Todo lo hacemos juntos, jugar a fútbol, salir de fiesta, ir a la playa… Tenemos más amigos pero a nosotros dos siempre nos ha bastado con tenernos el uno al otro.
-Tío, que esta gente ya me están dando toques al móvil, ¡vamos a llegar una jodida hora tarde!
-Venga vámonos, cacho pesado, ¡y suelta esa puta magdalena!
Cerré la puerta de mi casa y salimos corriendo a su coche.
Nuestro grupo de amigos y yo, solemos ir a jugar a fútbol una vez por semana a una vieja escuela la cual esta abandonada. La cancha de fútbol tiene baches, que se dejan notar cuando llueve y dejan ciertos charcos en algunas zonas. Las porterías no tienen redes y muchas líneas del campo no se ven, pero es muy difícil encontrar un lugar así, sin prácticamente nadie.
Llegamos a la escuela y a Nano y a mi nos llueven collejas de todos los chicos, es una de las cosas que hacemos cuando alguien no llega a su hora. Recuerdo que en la comunión del hermano de Nano uno de nuestros amigos llego tarde y en la misma iglesia le dejamos la nuca roja. La gente se nos quedó mirando pero el cura, que era un cachondo, dijo:
-Oye chicos, que aquí quien da las hostias soy yo.
Ese momento se nos quedará grabado para siempre.
Saco mis botas, me las pongo en un abrir y cerrar de ojos, y de un salto ya estoy en la cancha tocando la pelota. Debatimos en unos minutos los equipos aunque todos saben que Nano y yo debemos estar en el mismo. Siempre debe de ser así, porque somos muy competitivos y cuando estamos frente a frente, cada uno quiere ridiculizar al otro o dar a entender a los demás quien es el mejor de los dos, por eso es mejor estar juntos para que acabemos bien.
Bueno, disculpen mi mala educación. Les presento a mis amigos. Somos cuatro chicos y dos chicas. Una de ellas se llama África, es la futbolera del grupo. Tiene una naturalidad increíble, con eso me refiero a que nunca utiliza maquillaje y aún así es preciosa. No sabemos que nos pasa con ella, porque sabemos que es muy guapa, tiene un buen cuerpo y le encanta jugar al fútbol. Lo malo es que la conocemos desde pequeños, ya que Nano y yo coincidimos con ella en la guardería y vivimos cerca. La queremos como una hermana.
Luego está Eva, la niña de papá y mamá. Solo tengo que decir a cerca de ella que tarda más de dos horas para maquillarse, es lo contrario de África y en cambio, se llevan muy bien. Mario, es el ex de Eva. Lo conocimos por ella hace unos cuatro años y se separó de sus amigos para unirse a nosotros. El tío más listo que hemos conocido. Todo un cerebrito, no sabemos como pudo salir con Eva. Y por último Kike, el que aguanta todas nuestras bromas. Paciente y la mejor persona del mundo. Tanto que puede llegar a ser muy tonto. Pero es nuestro tonto y lo defendemos a muerte cuando lo vacilan.
-Oigan, ¿y el otro equipo? - dije extrañado.
-Dicen que estaban llegando, asomate a la valla Alex - dijo Mario.
Entonces le hago caso me asomo por la valla y...
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