-¡¿Laila?! Pero que co...- le dije mientras ella me observaba riéndose.
-Date la vuelta y verás.
Me giro sin vacilar ni un instante.
-¡Felicidaaaadeeeeeeees!- gritaron todos a la vez.
Me acabo de quedar perplejo, todos me miran y me siento como si estuviera en un mitin previo a unas elecciones. Esperando que diga unas adornadas palabras para ganarme el cariño de mi pueblo. En cambio, digo lo primero que se me pasa por la cabeza.
-¿Y esto? ¿Una tarta? ¡Están locos todos!
En realidad estoy rebozando una alegría inmensa en mi interior. No sé que hacer, nunca he tenido el placer de tener un cumpleaños sorpresa. Y ellos lo saben.
-¿Esto dices? ¡Esto no es nada! Ponte la venda en los ojos anda - dijo Nano.
-Esto no es una venda, ¡son tus calcetines atados! ¡Ni te atrevas a ponerme eso en la cara, jediondo!
-Kike, agarrale las manos que también se las vamos a atar.
De nada servía resistirme. Me ataron las manos a la espalda, colocaron los calcetines alrededor de mi cabeza asegurándose de que no veia nada y luego me amenazaron con meterme uno en la boca si no paraba de quejarme. Sí, me estuve callado. Oler los calcetines de Nano es una tortura aprobada por el FBI para hacer que los terroristas hablen sin necesidad de violencia.
-A ver, ahora viene un escalón, ¡cuidado!
-¡Qué! ¿¡Qué pasa!?
-Nada, que acabas de pisar una hormiga - dijo Nano mofándose de mí al igual que los demás.
-Cuando me quite la venda, les voy a dar una zurra a todos.
Entonces, me paran y me dicen que me van a desatar las manos.
-Espera a que te avisemos, y te quitas la venda de los ojos, ¿vale? - dijo África.
-Vale, bien.
¡Qué nervios! ¿Qué podrá ser? Bueno, conociéndolos me puedo esperar cualquier cosa. Menos un cumpleaños estilo "Mis dulces 16". Ya me gustaría a mí.
-Uno, dos... ¡tres! - dicen todos.
-¿Ya? - dije.
-¿Pero no nos has escuchado, o estas tonto? - dijo Nano.
-Sí, pero no me habían dicho que iban a contar. Se supone que me la quito cuando llegan a tres o ¿dicen algo más?
De repente, siento una gran colleja en la nuca. Me dolió porque esa mano tenía anillo. Seguro que fue Eva. No sale a la calle sin sus anillos de dos metros cuadrados de longitud. No exagero, son muy pintorescos.
-Vale, me ha quedado claro.
-Uno, dos... ¡tres!
Me quito aliviado, los calcetines de la cara. Cinco minutos más y podría haber tenido la muerte más asquerosa y tonta del mundo. Mis ojos se adaptan de nuevo a la claridad. Los veo a todos, Kike, Nano, África, Mario, Eva, y a la nueva, Laila. Todos sonríen, entonces se apartan y observo una gran mesa. Diría que son tres mesas juntas de apartamento de fin de semana. Las cubre un gran mantel azul cielo precioso. Globos pegados en las paredes junto con cartulinas donde ponen recuerdos que he vivido con cada uno de ellos. Me impaciento por leerlos todos antes de seguir observando alrededor. Mi cara era un cuadro, no sabían si lloraba de alegría, si me reía, era un cúmulo muy grande de sensaciones. Termino de leerlos, aunque falta uno,
el de Laila.
-Me falta el tuyo, ¿no?- dije dirigiéndome a ella.
-Aquí lo tienes.
Me coge del cuello y me da un beso. Se para el reloj, cierro los ojos tan sorprendidos que puse en ese primer segundo en el que contactan sus labios con los míos. Dura exactamente ocho segundos y acto seguido me da un abrazo. Abro los ojos, y veo a todos aplaudiendo, bueno, todos no. África se mantuvo todo el rato mirando al suelo. Supongo que estará mal por la recién muerte de su abuelo.
-¡Venga!¡A beber! - grita Nano, el "alma de las fiestas".
Laila deja de abrazarme.
-¿Como has hecho para salir de mi casa?
-Eso preguntáselo a tus amigos, ellos son los que lo han planeado todo desde hace tiempo - dijo Laila picándome un ojo y yéndose a la mesa a por bebida.
Comienza a sonar la música. Veo que se han traído la radio rosa de pilas de la hermana de Kike. Que ridículo hemos hecho con esa cosa en la playa.
En la gran mesa, veo de todo, bebidas, comida y, ¿regalos? Espero que no, pero que digo, ¡espero que sí!
-¿Miras los regalos, Alex? - dijo Mario.
-¿Regalos? ¿Qué regalos?
Empiezan a reírse todos de mi cara.
-No sabes mentir tío. ¿Los quieres abrir ahora o al final?
-Mejor al final, cuando estén todos borrachos y así pueda hablar sin problema de la porquería que me han regalado.
-¡Quietos, quietos! ¡Que tengo un nuevo monólogo que hacerles! - dijo Nano subiéndose a una de las mesas.
-¡Ooh, no!
-Que Dios nos coja confesados.
Sin más preámbulos. Da comienzo el monólogo de Nano. Ponemos las sillas alrededor de la mesa donde estaba de pie, convirtiéndola en una especie de tarima. Cojo una silla y me siento al lado de África y me pongo detrás de todos.
-¿Te pasa algo?
-No, no.
-Es por tu abuelo, ¿verdad?
-Ehm... sí, es por eso. Aún me cuesta pensar que no esta aquí.
-Ven aquí y dame un abrazo tonta.
En ese momento, mientras todos reían por el monologo de Nano, Laila lanza la vista atrás y nos ve abrazados. Su sonrisa aminora, y observa a África con desprecio.
A entradas horas de la noche, la fiesta se ve que esta acabando. Eso ocurre cuando llega el momento en el que Nano utiliza mucho la frase de "Tío, eres mi mejor amigo", cuando Mario comienza a contar historias de miedo, Kike hace preguntas tontas y Eva bosteza. Es el momento clave para abrir mis regalos.
-Chicos, voy a abrir los regalos.
-¡Si, venga, venga! - dice Eva.
-Ustedes me van dando cada uno el suyo y los voy abriendo.
-Venga empiezo yo - comenta Eva de nuevo.
Me lo da en las manos con mucho cuidado. Es una medianamente grande y apenas pesa. Cuando me dispongo a abrirlo, levanto la cabeza para ver la expresión que tiene Eva. Desesperada por que abra su regalo, le sonrio y veo algo detrás de ella. Una sombra
que se acerca velozmente. Mi rostro cambia de expresión.
-¡¡Eva!! ¡¡Cuidado!!
miércoles, 25 de mayo de 2011
lunes, 16 de mayo de 2011
-¡Joder! ¿Y tú que haces aquí?- dije sorprendido.
-Pillé la llave que siempre escondes en la maceta que tienes al lado de tu puerta. Llevo como 30 minutos tocándote a la puerta y llamándote al móvil.
-¿Me llamaste o simplemente me distes toques para que te llamara?- dije mientras me incorporaba.
-Lo que sea Alex. Vete despertándote que tenemos partido de fútbol donde siempre y con los de siempre.
-Tengo visita tío, no puedo dejarla aquí sola.
-¿Visita? Yo no he visto a nadie en tu casa, a no ser que el pedazo de pelusa que tienes en la esquina de tu habitación sea tu compañía. Si es así, no me digas como te lo montas por las noches.
-¿Cómo que no hay nadie?- dije sorprendido mientras me levantaba y subía la escalera a zancadas.
-Pillé la llave que siempre escondes en la maceta que tienes al lado de tu puerta. Llevo como 30 minutos tocándote a la puerta y llamándote al móvil.
-¿Me llamaste o simplemente me distes toques para que te llamara?- dije mientras me incorporaba.
-Lo que sea Alex. Vete despertándote que tenemos partido de fútbol donde siempre y con los de siempre.
-Tengo visita tío, no puedo dejarla aquí sola.
-¿Visita? Yo no he visto a nadie en tu casa, a no ser que el pedazo de pelusa que tienes en la esquina de tu habitación sea tu compañía. Si es así, no me digas como te lo montas por las noches.
-¿Cómo que no hay nadie?- dije sorprendido mientras me levantaba y subía la escalera a zancadas.
Y exacto, no había nadie. Ni siquiera maletas y la cama estaba intacta, ni una tímida arruga se daba a ver en la colcha de mi cama. Bajo de nuevo, cojo mi móvil y le mando un mensaje a Laila diciéndole dónde se había metido. Recibo su mensaje en menos de un minuto y me contesta que no sabe de qué hablo, que ella no se ha movido de su casa. En ese momento fue cuando comencé a pensar qué es lo que había hecho en ese espacio de tiempo que al parecer estaba vacío.
-¡Vámonos ya, Alex!
-Ya voy Nano, déjame coger las cosas y déjate de coger comida de la despensa que luego mis padres me echan la bronca a mí.
Sí, mi mejor amigo se llama Nano, bueno en realidad es un mote que le puso su madre, nosotros empezamos a reírnos de él hasta que se le quedó ese mote y nos olvidamos completamente de su nombre. Nano vive a cinco minutos de mi casa. Él es un chico humilde, bromista, un guaperas, amigo de sus amigos, es prácticamente igual que yo. Siempre lo he considerado como ese hermano que nunca tuve. Todo lo hacemos juntos, jugar a fútbol, salir de fiesta, ir a la playa… Tenemos más amigos pero a nosotros dos siempre nos ha bastado con tenernos el uno al otro.
-Tío, que esta gente ya me están dando toques al móvil, ¡vamos a llegar una jodida hora tarde!
-Venga vámonos, cacho pesado, ¡y suelta esa puta magdalena!
Cerré la puerta de mi casa y salimos corriendo a su coche.
Nuestro grupo de amigos y yo, solemos ir a jugar a fútbol una vez por semana a una vieja escuela la cual esta abandonada. La cancha de fútbol tiene baches, que se dejan notar cuando llueve y dejan ciertos charcos en algunas zonas. Las porterías no tienen redes y muchas líneas del campo no se ven, pero es muy difícil encontrar un lugar así, sin prácticamente nadie.
Llegamos a la escuela y a Nano y a mi nos llueven collejas de todos los chicos, es una de las cosas que hacemos cuando alguien no llega a su hora. Recuerdo que en la comunión del hermano de Nano uno de nuestros amigos llego tarde y en la misma iglesia le dejamos la nuca roja. La gente se nos quedó mirando pero el cura, que era un cachondo, dijo:
-Oye chicos, que aquí quien da las hostias soy yo.
Ese momento se nos quedará grabado para siempre.
Saco mis botas, me las pongo en un abrir y cerrar de ojos, y de un salto ya estoy en la cancha tocando la pelota. Debatimos en unos minutos los equipos aunque todos saben que Nano y yo debemos estar en el mismo. Siempre debe de ser así, porque somos muy competitivos y cuando estamos frente a frente, cada uno quiere ridiculizar al otro o dar a entender a los demás quien es el mejor de los dos, por eso es mejor estar juntos para que acabemos bien.
Bueno, disculpen mi mala educación. Les presento a mis amigos. Somos cuatro chicos y dos chicas. Una de ellas se llama África, es la futbolera del grupo. Tiene una naturalidad increíble, con eso me refiero a que nunca utiliza maquillaje y aún así es preciosa. No sabemos que nos pasa con ella, porque sabemos que es muy guapa, tiene un buen cuerpo y le encanta jugar al fútbol. Lo malo es que la conocemos desde pequeños, ya que Nano y yo coincidimos con ella en la guardería y vivimos cerca. La queremos como una hermana.
Luego está Eva, la niña de papá y mamá. Solo tengo que decir a cerca de ella que tarda más de dos horas para maquillarse, es lo contrario de África y en cambio, se llevan muy bien. Mario, es el ex de Eva. Lo conocimos por ella hace unos cuatro años y se separó de sus amigos para unirse a nosotros. El tío más listo que hemos conocido. Todo un cerebrito, no sabemos como pudo salir con Eva. Y por último Kike, el que aguanta todas nuestras bromas. Paciente y la mejor persona del mundo. Tanto que puede llegar a ser muy tonto. Pero es nuestro tonto y lo defendemos a muerte cuando lo vacilan.
-Oigan, ¿y el otro equipo? - dije extrañado.
-Dicen que estaban llegando, asomate a la valla Alex - dijo Mario.
Entonces le hago caso me asomo por la valla y...
martes, 10 de mayo de 2011
-Lo sé, era para asegurarme Laila, no te pongas así.
-¡Yo me pongo como me de la gana!-dijo gritandome.
-¿Pero que falta de respeto es esta? Sabes lo que te digo, ¡que ahora te vas a quedar en el jodido aeropuerto!
Dejo su maleta en el piso y me voy muy enfadado.
-Ey, ¡Alex!
Me doy la vuelta y digo:
-¡Que quieres aho...
En menos de un segundo me pone su delgado dedo índice en mis labios y me quedo callado. Se acerca a un palmo de mi cara, que digo a un palmo, ¡a unos milímetros! Cuando llega a tocar mi nariz con la suya me mira con sus preciosos ojos brillantes. Pone su otra mano en mi pecho, mira mis labios y acto seguido se queda mirando a mis ojos. Mira uno y mira al otro, lo noto ya que los suyos se mueven como si estubiese leyendo un libro. Una mirada tan penetrante que procuro no pensar nada con miedo de que pueda leer mi mente.
Se acerca a una de mis oreja, apartando su dedo de mis labios y colocando su mano con una hermosa situleza en mi cuello.
-Me ha encantado verte enfadado- me dice susurrandome.
¡Los pelos se me han puesto de gallina! Pienso en mil cosas que decirle, en besarla, en no desperdiciar este momento. Venga Alex, lánzate. Ahora no es momento para pensar, ¡actúa!
-Eehm... Yo... ¿Tienes hambre?
¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Descerebrado! ¡Tonto del culo!
-Ehm... Sí, vamos a comer algo por aquí si quieres - dijo apartando sus manos y hablandome desde una distancia moderada.
Nota mental: Alex, desde que llegues a casa, busca una pared y golpeate repetidas veces. Eres un pringado.
-Mejor comemos en mi casa.
-Eres un tio muy raro. Pero vamos, así no me gasto dinero y veo que tal cocinas - me dice con una sonrisa.
Al menos no se ha enfadado. Por un momento pensé que me iba a preguntar acerca de mi sexualidad. Con lo nervioso que estoy podría haberlo empeorado más. Pero bueno, vámonos a mi casa que es mi habitat y supongo que se sentirá un poco cohibida. Aunque de esta chica, me espero cualquier cosa.
Recojo una de sus maletas del suelo y nos disponemos a buscar mi coche. No es un coche moderno, ni tampoco lo necesito que lo sea, me basto con cuatro ruedas y un volante. La verdad es que soy un tanto conformista para todo y es un problema ya que no es lo mismo un suficiente que un sobresaliente. Ya cambiaré.
-¿Este es tu coche?
-No. Yo tengo un deportivo pero lo tengo en el taller. ¿Algún problema con mi bólido? - digo mientras le doy un beso a mi coche.
-Ninguno. Pero tu si que vas a tenerlo si lo sigues besando.
Ya montados en mi coche, vamos dirección a mi casa. No sé cómo ha aceptado eso de dormir en mi casa, pero supongo que los hoteles no están muy baratos y menos ahora con la escasa economía que estamos viviendo en esta ciudad. Bueno, en parte, ayuda mucho que mis padres se hayan tomado justo este mes de crucero y así poder alojar a Laila en mi casa, sin tener la opinión de mi familia. Está bien claro que a mis padres no les gusta que deje dormir chicas en casa, pero esto no lo sabrá nadie excepto Laila y algunos de mis amigos más cotillas.
Llegamos a mi casa, sin decir ni una palabra durante el trayecto de 30 minutos que hay desde el aeropuerto hasta mi querido hogar. La miro, y me doy cuenta de que está durmiendo. Tiene una rostro angelical cuando duerme. Se me hace raro verla dormir, y sin decir nada, me quedo durante dos minutos embobado mirándola como una madre cuando ve dormir a su hijo en su cuna.
Me bajo del coche, intentando hacer el menos ruido posible. Saco las maletas, y abro la puerta de mi casa, subo las escaleras y entro en mi habitación, dejando todas las maletas en una esquina.
-Ahora solo me queda coger a la señorita dormilona.- dije mientras me remangaba las mangas de la camisa.
Bajo la escalera y cojo las llaves por si se cierra la puerta con el viento ya que una vez me pasó que tuve que saltar desde la casa de mi vecino y se armo un gran escándalo al haberme confundido con un ladrón.
Llego al coche, le quito el cinto y planeo cómo cogerla. Al cabo de unos minutos y tras varios intentos fallidos por fin la puedo coger bien, pero tan bien, que ni siquiera hace ese intento de abrir los ojos. Cierro la puerta del coche con el pie, al igual que la puerta de mi casa. La subo a mi cuarto habiendo conseguido el reto que supone subir esos escalones tan de punta que tiene la escalera de mi casa.
Me pongo de rodillas y la dejo muy despacio sobre mi cama. Con un acto reflejo, se acomoda. Le quito los zapatos y la tapo con una manta. Me siento en la cama justo al lado de ella y le doy un beso en la frente.
-Gracias Alex.- dijo sin abrir los ojos y sonriendo.
-Lo tenías todo planeado, lista.
-Pero no contaba con tu beso.
-Descansa anda.- le susurre mientras le acariciaba el pelo casi sin darme cuenta de lo que hacía.
Me levante de la cama, y fui a la cocina para hacerme algo de comer. No tenía casi nada de comida, así que improvise cogiendo todo lo que iba viendo en la despensa y termine por comer una especie de envuelto de 4 huevos con atún, salchichas, queso y chorizo. No es que fuese muy saludable, pero no tenía tiempo para estar sumando calorías.
Ya eran más de las 8 de la tarde, y me acorde que era sábado y tocaba partido de fútbol en la tele. Me acomodé en el sillón y sin pasar ni media hora, me quede tan dormido que el teléfono sonó 3 veces y pensaba que eso era un añadido de mi sueño. Me merecía un descanso, tras este día tan lleno de emociones tan desconocidas para mí. Pero empiezo a notar como algo suave, va desde mi frente y pasa rápidamente a mi cuello haciendo una especie de Tour por mi cara, entonces abro los ojos…
-¡Yo me pongo como me de la gana!-dijo gritandome.
-¿Pero que falta de respeto es esta? Sabes lo que te digo, ¡que ahora te vas a quedar en el jodido aeropuerto!
Dejo su maleta en el piso y me voy muy enfadado.
-Ey, ¡Alex!
Me doy la vuelta y digo:
-¡Que quieres aho...
En menos de un segundo me pone su delgado dedo índice en mis labios y me quedo callado. Se acerca a un palmo de mi cara, que digo a un palmo, ¡a unos milímetros! Cuando llega a tocar mi nariz con la suya me mira con sus preciosos ojos brillantes. Pone su otra mano en mi pecho, mira mis labios y acto seguido se queda mirando a mis ojos. Mira uno y mira al otro, lo noto ya que los suyos se mueven como si estubiese leyendo un libro. Una mirada tan penetrante que procuro no pensar nada con miedo de que pueda leer mi mente.
Se acerca a una de mis oreja, apartando su dedo de mis labios y colocando su mano con una hermosa situleza en mi cuello.
-Me ha encantado verte enfadado- me dice susurrandome.
¡Los pelos se me han puesto de gallina! Pienso en mil cosas que decirle, en besarla, en no desperdiciar este momento. Venga Alex, lánzate. Ahora no es momento para pensar, ¡actúa!
-Eehm... Yo... ¿Tienes hambre?
¡Estúpido! ¡Imbécil! ¡Descerebrado! ¡Tonto del culo!
-Ehm... Sí, vamos a comer algo por aquí si quieres - dijo apartando sus manos y hablandome desde una distancia moderada.
Nota mental: Alex, desde que llegues a casa, busca una pared y golpeate repetidas veces. Eres un pringado.
-Mejor comemos en mi casa.
-Eres un tio muy raro. Pero vamos, así no me gasto dinero y veo que tal cocinas - me dice con una sonrisa.
Al menos no se ha enfadado. Por un momento pensé que me iba a preguntar acerca de mi sexualidad. Con lo nervioso que estoy podría haberlo empeorado más. Pero bueno, vámonos a mi casa que es mi habitat y supongo que se sentirá un poco cohibida. Aunque de esta chica, me espero cualquier cosa.
Recojo una de sus maletas del suelo y nos disponemos a buscar mi coche. No es un coche moderno, ni tampoco lo necesito que lo sea, me basto con cuatro ruedas y un volante. La verdad es que soy un tanto conformista para todo y es un problema ya que no es lo mismo un suficiente que un sobresaliente. Ya cambiaré.
-¿Este es tu coche?
-No. Yo tengo un deportivo pero lo tengo en el taller. ¿Algún problema con mi bólido? - digo mientras le doy un beso a mi coche.
-Ninguno. Pero tu si que vas a tenerlo si lo sigues besando.
Ya montados en mi coche, vamos dirección a mi casa. No sé cómo ha aceptado eso de dormir en mi casa, pero supongo que los hoteles no están muy baratos y menos ahora con la escasa economía que estamos viviendo en esta ciudad. Bueno, en parte, ayuda mucho que mis padres se hayan tomado justo este mes de crucero y así poder alojar a Laila en mi casa, sin tener la opinión de mi familia. Está bien claro que a mis padres no les gusta que deje dormir chicas en casa, pero esto no lo sabrá nadie excepto Laila y algunos de mis amigos más cotillas.
Llegamos a mi casa, sin decir ni una palabra durante el trayecto de 30 minutos que hay desde el aeropuerto hasta mi querido hogar. La miro, y me doy cuenta de que está durmiendo. Tiene una rostro angelical cuando duerme. Se me hace raro verla dormir, y sin decir nada, me quedo durante dos minutos embobado mirándola como una madre cuando ve dormir a su hijo en su cuna.
Me bajo del coche, intentando hacer el menos ruido posible. Saco las maletas, y abro la puerta de mi casa, subo las escaleras y entro en mi habitación, dejando todas las maletas en una esquina.
-Ahora solo me queda coger a la señorita dormilona.- dije mientras me remangaba las mangas de la camisa.
Bajo la escalera y cojo las llaves por si se cierra la puerta con el viento ya que una vez me pasó que tuve que saltar desde la casa de mi vecino y se armo un gran escándalo al haberme confundido con un ladrón.
Llego al coche, le quito el cinto y planeo cómo cogerla. Al cabo de unos minutos y tras varios intentos fallidos por fin la puedo coger bien, pero tan bien, que ni siquiera hace ese intento de abrir los ojos. Cierro la puerta del coche con el pie, al igual que la puerta de mi casa. La subo a mi cuarto habiendo conseguido el reto que supone subir esos escalones tan de punta que tiene la escalera de mi casa.
Me pongo de rodillas y la dejo muy despacio sobre mi cama. Con un acto reflejo, se acomoda. Le quito los zapatos y la tapo con una manta. Me siento en la cama justo al lado de ella y le doy un beso en la frente.
-Gracias Alex.- dijo sin abrir los ojos y sonriendo.
-Lo tenías todo planeado, lista.
-Pero no contaba con tu beso.
-Descansa anda.- le susurre mientras le acariciaba el pelo casi sin darme cuenta de lo que hacía.
Me levante de la cama, y fui a la cocina para hacerme algo de comer. No tenía casi nada de comida, así que improvise cogiendo todo lo que iba viendo en la despensa y termine por comer una especie de envuelto de 4 huevos con atún, salchichas, queso y chorizo. No es que fuese muy saludable, pero no tenía tiempo para estar sumando calorías.
Ya eran más de las 8 de la tarde, y me acorde que era sábado y tocaba partido de fútbol en la tele. Me acomodé en el sillón y sin pasar ni media hora, me quede tan dormido que el teléfono sonó 3 veces y pensaba que eso era un añadido de mi sueño. Me merecía un descanso, tras este día tan lleno de emociones tan desconocidas para mí. Pero empiezo a notar como algo suave, va desde mi frente y pasa rápidamente a mi cuello haciendo una especie de Tour por mi cara, entonces abro los ojos…
martes, 3 de mayo de 2011
-Al fin llegó el día- me dijo una voz dulce y muy familiar.
Entonces, aparte sus manos lentamente de mis ojos, y con un giro de cabeza me quede mirándola.
-¡Laila!- le dije mientras nos fundíamos en un cálido abrazo.
Mis ojos estaban llorosos, intente disimularlo y no soltar ni una lágrima, no es muy bueno que yo rompa a llorar y ella me consuele. Pensándolo bien ya he quedado bastante mal hoy, así que no sería de gran importancia. Pero cogí aire y le dije.
-Lo que llevo esperándote en el aeropuerto me ha parecido más largo que estos 7 meses esperando para que llegara este día.- dije tembloroso.
-Ya veo que eres igual de tonto que por teléfono- dijo entre risas- Pues llevaba un rato mirándote y me fijé que estabas muy nerviosito por verme, ¿no?
-¿Yo? ¡Qué va! Aquí donde me ves, no soy chico que se pone nervioso por nadie, soy de lo más tranquilo.
-Ya, por eso te he visto dando tantas vueltas, mirando el móvil cada dos por tres y mordiéndote las uñas- dijo en tono desafiante, acercándose más a mi- Creo que te estás enamorando de mi, Alex.
-Ya querrías tú que fuera eso. Vámonos que estoy cansado de estar aquí.
Esta conversación es lo que quería oír la primera vez que nos tuviéramos que ver. Quizás para algunas personas les resulte extraño, pero esas bromas medio enserio y ese tipo de abrazo, junto con mis nervios, se me hacen un cúmulo de emociones que con esa simple conversación de patio de colegio hace que en mi cabeza siga sin dejar de pensar que ella es esa chica ideal de la cual cada persona conocemos a lo largo de nuestra vida y nos hace pensar que solo hay una entre un millón. Sí, puede que sea un poco excesivo para el primer día pero no me quiten esa ilusión que me caracteriza y me hace único.
Cogí una de sus maletas y caminamos un rato por el aeropuerto, como si de un parque se tratara pero en vez de personas paseando a sus mascotas veía a empresarios elegantes con sus maletas de ruedas. Me sorprendió una mujer la cual tenía una maletita de ruedas y no se me ocurrió otra cosa que pensar en bautizarla como la maleta chihuahua. Luego ví una maleta blanca con manchas negras distribuidas aleatoriamente por la maleta y obviamente la llamé la maleta dálmata. La verdad es que se me ocurren muchas estupideces, no es culpa mía, es de las películas y series americanas que han convertido mi cabeza en una jungla infinita de imaginación. Debería escribir un libro.
-¿Llevas mucho esperando a que llegase mi vuelo?- dijo Laila para romper un poco el hielo.
- No, no. Unas dos horas aproximadamente.
-¿En serio? Yo no hubiese durado tanto, ya veo que eres un chico muy paciente.
En realidad, hace unos minutos ese chico paciente se convirtió en una de esas fans que esperan la llegada de su cantante de pop favorito, mordiéndome las uñas, sudando, moviendo mi pie derecho de arriba abajo como si un muelle se me hubiese colado debajo de mi zapatilla, con fatiga y con la sensación de que cada vena de mi cuerpo tenía pulsaciones propias. Mi corazón bombeaba sangre de una manera impresionante. Por un rato pensé que si hubiese sabido todo esto, hubiera traído ropa de deporte y dejar de ser socio de ese mal gimnasio al que acostumbro a ir semana tras semana.
- Soy paciente para cuando me interesa algo.
-¿O sea que te intereso? Solo falta que te arrodilles y me saques un anillo.
Dios. Esta chica me esta sacando los colores. Me ha dejado en vergüenza en todas las conversaciones. Sabía acerca de su carácter, pero es que se defiende demasiado bien y yo soy quien suele llevar la batuta. Tengo claro que es una chica diferente a las demás.
- A ver, no digo que me intereses, que tampoco es que no...
De repente, escuchamos por megafonía:
-Se ha encontrado una maleta rosa con una pegatina a uno de sus lados donde pone BTF, por favor, su propietario acuda al mostrador de nuestra compañía de vuelos Airspace, gracias…
-¿Te has traido otra maleta, Laila?
-No, no. Solo he traido estas dos.
-Te lo pregunto porque esa pegatina es de tu grupo de música preferido.
-Bueno... Habrá más gente a la que le guste ese grupo.
Entonces, aparte sus manos lentamente de mis ojos, y con un giro de cabeza me quede mirándola.
-¡Laila!- le dije mientras nos fundíamos en un cálido abrazo.
Mis ojos estaban llorosos, intente disimularlo y no soltar ni una lágrima, no es muy bueno que yo rompa a llorar y ella me consuele. Pensándolo bien ya he quedado bastante mal hoy, así que no sería de gran importancia. Pero cogí aire y le dije.
-Lo que llevo esperándote en el aeropuerto me ha parecido más largo que estos 7 meses esperando para que llegara este día.- dije tembloroso.
-Ya veo que eres igual de tonto que por teléfono- dijo entre risas- Pues llevaba un rato mirándote y me fijé que estabas muy nerviosito por verme, ¿no?
-¿Yo? ¡Qué va! Aquí donde me ves, no soy chico que se pone nervioso por nadie, soy de lo más tranquilo.
-Ya, por eso te he visto dando tantas vueltas, mirando el móvil cada dos por tres y mordiéndote las uñas- dijo en tono desafiante, acercándose más a mi- Creo que te estás enamorando de mi, Alex.
-Ya querrías tú que fuera eso. Vámonos que estoy cansado de estar aquí.
Esta conversación es lo que quería oír la primera vez que nos tuviéramos que ver. Quizás para algunas personas les resulte extraño, pero esas bromas medio enserio y ese tipo de abrazo, junto con mis nervios, se me hacen un cúmulo de emociones que con esa simple conversación de patio de colegio hace que en mi cabeza siga sin dejar de pensar que ella es esa chica ideal de la cual cada persona conocemos a lo largo de nuestra vida y nos hace pensar que solo hay una entre un millón. Sí, puede que sea un poco excesivo para el primer día pero no me quiten esa ilusión que me caracteriza y me hace único.
Cogí una de sus maletas y caminamos un rato por el aeropuerto, como si de un parque se tratara pero en vez de personas paseando a sus mascotas veía a empresarios elegantes con sus maletas de ruedas. Me sorprendió una mujer la cual tenía una maletita de ruedas y no se me ocurrió otra cosa que pensar en bautizarla como la maleta chihuahua. Luego ví una maleta blanca con manchas negras distribuidas aleatoriamente por la maleta y obviamente la llamé la maleta dálmata. La verdad es que se me ocurren muchas estupideces, no es culpa mía, es de las películas y series americanas que han convertido mi cabeza en una jungla infinita de imaginación. Debería escribir un libro.
-¿Llevas mucho esperando a que llegase mi vuelo?- dijo Laila para romper un poco el hielo.
- No, no. Unas dos horas aproximadamente.
-¿En serio? Yo no hubiese durado tanto, ya veo que eres un chico muy paciente.
En realidad, hace unos minutos ese chico paciente se convirtió en una de esas fans que esperan la llegada de su cantante de pop favorito, mordiéndome las uñas, sudando, moviendo mi pie derecho de arriba abajo como si un muelle se me hubiese colado debajo de mi zapatilla, con fatiga y con la sensación de que cada vena de mi cuerpo tenía pulsaciones propias. Mi corazón bombeaba sangre de una manera impresionante. Por un rato pensé que si hubiese sabido todo esto, hubiera traído ropa de deporte y dejar de ser socio de ese mal gimnasio al que acostumbro a ir semana tras semana.
- Soy paciente para cuando me interesa algo.
-¿O sea que te intereso? Solo falta que te arrodilles y me saques un anillo.
Dios. Esta chica me esta sacando los colores. Me ha dejado en vergüenza en todas las conversaciones. Sabía acerca de su carácter, pero es que se defiende demasiado bien y yo soy quien suele llevar la batuta. Tengo claro que es una chica diferente a las demás.
- A ver, no digo que me intereses, que tampoco es que no...
De repente, escuchamos por megafonía:
-Se ha encontrado una maleta rosa con una pegatina a uno de sus lados donde pone BTF, por favor, su propietario acuda al mostrador de nuestra compañía de vuelos Airspace, gracias…
-¿Te has traido otra maleta, Laila?
-No, no. Solo he traido estas dos.
-Te lo pregunto porque esa pegatina es de tu grupo de música preferido.
-Bueno... Habrá más gente a la que le guste ese grupo.
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