Me
sonríe con esos dientes tan alienados salvo ese espacio entre sus
dos paletas que la obligan a taparse la boca con la mano creyendo que
ese es uno de sus defectos, pero lo que no sabe es que esa pequeña
imperfección es la que hace perfecta su sonrisa. Se levanta de mi
lado apoyando su mano en mi hombro y dejo que se marche, sin decir
nada, ni una palabra, vuelve Laila a su caseta metiendo sus manos en
los bolsillos de su chaqueta. "Laila, Lailita, me tienes la
cabeza loquita", como bien diría mi abuela. Ha sido un beso
Alex, nada del otro mundo... Vale, ha sido un beso increíble, sin
duda el mejor de los que te hayan dado, pero no te compliques, no es
una chica sencilla o eso creo. En realidad, ahora que lo pienso, no
la conozco, es decir, he hablado mucho con ella delante de un
ordenador, pero en persona nunca hemos tenido contacto y aun así
siento que estoy en una partida de poker, apuesto todo a la ultima
carta y me veo capaz de perder todo por ella.
Me
acuesto mirando al cielo pensando en mi “táctica”. Todos siempre
tenemos una para que no nos hagan daño, al menos todos a los que en
algún momento de nuestra vida nos lo han hecho pasar mal la tenemos.
La mía se define según sea el carácter de la chica, hay chicas
comunes y hay chicas difíciles, este ultimo grupo nunca lo he
conocido, ni siquiera sabría si denominarlo como un grupo porque
quizás solo lo componga una persona. Laila no va a ser una
excepción, tengo que convertirla en común, aunque se me esta
complicando, tiene bastante carácter, es muy adulta y a la vez no
pierde su niñez, a veces muestra interés y otros parece que lo
pierde por completo, me da todo y me da nada. Voy a actuar con calma,
aunque de momento ella vaya ganando en esta partida de ajedrez que se
nos hará eterna.
-Alex!
Échanos una mano para llevar todas las cosas al coche y deja de
dibujar tetas con las nubes- dijo Nano en alto para provocar la risa
entre los demás.
Me
levanto con una sonrisa en la cara. Hoy, empieza el verano.