jueves, 30 de agosto de 2012

Enmudezco por un momento. No sé que decirle, solo me sale una sonrisa que no va a juego con mis ojos, una sonrisa falsa, que expresa rabia e impotencia. Tengo ganas de levantarme y salir de aquí, pero antes de que lo decidiera Laila me mira y comienza a reírse. -¿Pero cómo te vas a creer eso? Que fácil te crees las cosas. -La misma facilidad que tienes tú para mentir. -Uhh, tranquilo Alex, no creía que te lo fueras a tomar tan a pecho. Mírame a los ojos. Me pone su mano tibia en mi cara mientras se acerca poco a poco. Sus labios tocan los míos, de un manera tan sutil que hace que me estremezca. Los pelos de mi cara se erizan y cuando lentamente nos separamos, los labios se nos quedan tímidamente pegados. Es ese beso que te hace nacer y morir, que es capaz de cambiarlo todo, un estallido en tu cabeza que borra todo. El besar bien es un arte, Laila es la artista y me ha dedicado su mejor obra. Y desde fuera se puede ver como un simple beso, unos labios que se rozan, pero desde dentro, desde cada milímetro de mis labios se ha notado que no es tan simple.