Levanto la mirada, observo a esas personas nerviosas, la mayoría de pie, fumando, caminando en círculos, rezando en silencio con sus ojos entrecerrados creyendo que un simple rezo a ese ser llamado Dios traiga a esos seres queridos de vuelta, y yo, simplemente sentado solo, en un rincón de la terminal justo al lado de la entrada a unos pocos metros de las puertas de llegada.
Observo detenidamente a las personas que están de pie justo delante de las puertas de salida. Unas personas que con solo mirarlas se les puede ver en su rostro una especie sensación extraña. Como si cada una de ellas sintiesen como si su corazón intentase escapar de su pecho mediante unas fuertes pulsaciones. Pulsaciones provocadas por esos nervios de inseguridad. Pero yo no, a mi no me pasa, quizás es porque no he pensado bien el por qué estoy en el aeropuerto, quizás al estar muy a menudo viajando ya me conozca estas sensaciones que me rodean. No sé muy bien el por qué pero lo que sé, es que tengo ganas de salir de este sitio lo antes posible.
Son las 4 de la tarde según el reloj de mi móvil, no veo ninguna llamada perdida, ni siquiera un mensaje y el avión lleva 40 minutos de retraso. Me toco el pecho, noto esa sensación de la que había hablado, un sonido magistral, disimula cualquier cosa que pasa a mi alrededor, las pisadas de las personas y sus comentarios llegan a mis oídos como susurros. Ahora mi corazón es quien domina mis oídos.
Empiezan a abrirse las puertas de salida, y la fatiga se hace notar a causa de ese ligero desayuno de leche y galletas. No me levanto, porque tengo la impresión de que no podré mantenerme en pie, así que espero sentado intentando hacer que se me pase. Hay demasiada gente como para desmayarme y montar un espectáculo. Ya me ha pasado otras veces, desde que era pequeño, pero con el paso de los años he sabido controlarlo, pero en este momento, me sorprende que me este costando hacerlo, ¿significará esto algo? Esperemos que solo haya sido por el desayuno, no quiero ni imaginar que esté tan nervioso por conocer a alguien.
Salen las primeras personas y comienzan los primeros llantos, los primeros abrazos, los primeros besos, pienso que en ninguna parte del mundo hay tanto amor como en un aeropuerto. Padres, madres, hijos, hermanos, tíos, amigos, novios… quien sabe lo que son cada una de esas personas, muestran alivio, calma, como si ese malestar del principio hubiera sido apagado por un simple contacto de esa persona a la que esperaban con entusiasmo. Esa magia es la que nos hace tan humanos, dotados de esos sentimientos que carecen de significado los cuales nos empeñamos en llamar amor.
Entonces unas manos frías me tapan los ojos, tan precisamente que ni siquiera hay ni una tímida grieta por la que entre luz. El resto de mis sentidos se agudizan y solo atienden a la persona de esas manos tan frías. Escucho como mueve su cabeza hacia uno de mis oídos, mientras tanto, mi olfato entra en acción experimentando esa mezcla de perfumes que lleva. Tiene un aroma acogedor, un aroma el cual te podrías dormir toda la noche abrazado a ella, por lo menos ya sé que es una chica.
Son las 4 de la tarde según el reloj de mi móvil, no veo ninguna llamada perdida, ni siquiera un mensaje y el avión lleva 40 minutos de retraso. Me toco el pecho, noto esa sensación de la que había hablado, un sonido magistral, disimula cualquier cosa que pasa a mi alrededor, las pisadas de las personas y sus comentarios llegan a mis oídos como susurros. Ahora mi corazón es quien domina mis oídos.
Empiezan a abrirse las puertas de salida, y la fatiga se hace notar a causa de ese ligero desayuno de leche y galletas. No me levanto, porque tengo la impresión de que no podré mantenerme en pie, así que espero sentado intentando hacer que se me pase. Hay demasiada gente como para desmayarme y montar un espectáculo. Ya me ha pasado otras veces, desde que era pequeño, pero con el paso de los años he sabido controlarlo, pero en este momento, me sorprende que me este costando hacerlo, ¿significará esto algo? Esperemos que solo haya sido por el desayuno, no quiero ni imaginar que esté tan nervioso por conocer a alguien.
Salen las primeras personas y comienzan los primeros llantos, los primeros abrazos, los primeros besos, pienso que en ninguna parte del mundo hay tanto amor como en un aeropuerto. Padres, madres, hijos, hermanos, tíos, amigos, novios… quien sabe lo que son cada una de esas personas, muestran alivio, calma, como si ese malestar del principio hubiera sido apagado por un simple contacto de esa persona a la que esperaban con entusiasmo. Esa magia es la que nos hace tan humanos, dotados de esos sentimientos que carecen de significado los cuales nos empeñamos en llamar amor.
Entonces unas manos frías me tapan los ojos, tan precisamente que ni siquiera hay ni una tímida grieta por la que entre luz. El resto de mis sentidos se agudizan y solo atienden a la persona de esas manos tan frías. Escucho como mueve su cabeza hacia uno de mis oídos, mientras tanto, mi olfato entra en acción experimentando esa mezcla de perfumes que lleva. Tiene un aroma acogedor, un aroma el cual te podrías dormir toda la noche abrazado a ella, por lo menos ya sé que es una chica.
No hay comentarios:
Publicar un comentario