viernes, 16 de noviembre de 2012


     Me sonríe con esos dientes tan alienados salvo ese espacio entre sus dos paletas que la obligan a taparse la boca con la mano creyendo que ese es uno de sus defectos, pero lo que no sabe es que esa pequeña imperfección es la que hace perfecta su sonrisa. Se levanta de mi lado apoyando su mano en mi hombro y dejo que se marche, sin decir nada, ni una palabra, vuelve Laila a su caseta metiendo sus manos en los bolsillos de su chaqueta. "Laila, Lailita, me tienes la cabeza loquita", como bien diría mi abuela. Ha sido un beso Alex, nada del otro mundo... Vale, ha sido un beso increíble, sin duda el mejor de los que te hayan dado, pero no te compliques, no es una chica sencilla o eso creo. En realidad, ahora que lo pienso, no la conozco, es decir, he hablado mucho con ella delante de un ordenador, pero en persona nunca hemos tenido contacto y aun así siento que estoy en una partida de poker, apuesto todo a la ultima carta y me veo capaz de perder todo por ella.
Me acuesto mirando al cielo pensando en mi “táctica”. Todos siempre tenemos una para que no nos hagan daño, al menos todos a los que en algún momento de nuestra vida nos lo han hecho pasar mal la tenemos. La mía se define según sea el carácter de la chica, hay chicas comunes y hay chicas difíciles, este ultimo grupo nunca lo he conocido, ni siquiera sabría si denominarlo como un grupo porque quizás solo lo componga una persona. Laila no va a ser una excepción, tengo que convertirla en común, aunque se me esta complicando, tiene bastante carácter, es muy adulta y a la vez no pierde su niñez, a veces muestra interés y otros parece que lo pierde por completo, me da todo y me da nada. Voy a actuar con calma, aunque de momento ella vaya ganando en esta partida de ajedrez que se nos hará eterna.

-Alex! Échanos una mano para llevar todas las cosas al coche y deja de dibujar tetas con las nubes- dijo Nano en alto para provocar la risa entre los demás.

Me levanto con una sonrisa en la cara. Hoy, empieza el verano.

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